Se fue triste
Juan Román Riquelme abandonó Boca Juniors por sentirse "vacío"; un recorrido por su trayectoria muestra tanto talento como caprichos y mal genio
Mirá maestro, esto es así: agarrás la carne y la pasás por huevo. Después le metés el pan rallado, la freís y listo, papi. Simple”. En su edición de diciembre de 2002 Juan Román Riquelme fue tapa de El Gráfico con la camiseta de Barcelona y la nota comienza narrando el intempestivo ingreso del crack argentino a la cocina de un restorán para pedirle al cocinero una milanesa de verdad. Una frase que pinta a Riquelme en cuerpo y alma.
Su mal relacionamiento con el entrenador Julio Falcioni y con la dirigencia que encabeza César Angelici fueron los detonantes del abandono según reseñaron ayer Olé y Cancha Llena.
Un video muestra a Angelici mirando a Riquelme con bronca mientras el futbolista tiene clavados los ojos en el piso.
Riquelme, por el que Boca pagó US$ 800 mil cuando jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, debutó en 1996 cuando al xeneize lo dirigía Carlos Salvador Bilardo.
Dos años después ya manejaba equipo y vestuario, aunque entonces la presencia paternal del entrenador César Bianchi supo sacarle el mejor jugo a su fútbol.
Maradona y los códigos
Con la selección argentina la relación de Riquelme también fue tormentosa. Cuando Alfio Basile dirigía al equipo en las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica, Riquelme era el líder. Sin embargo, los jóvenes del plantel no se sentían identificados con el estilo. Querían a Diego Maradona y su llegada se decantó tras un 0-2 ante Chile donde al equipo le faltó rebeldía. Riquelme renunció a la selección aduciendo “códigos”.
Para 2001 ya estaba enfrentado a muerte con el presidente Mauricio Macri. Por eso en el súper clásico de mayo festejó el gol de frente al palco con manos en las orejas: fue el festejo del Topo Gigio.
El periodista Gonzalo Bonadeo resaltó ayer en TyC Sports la actitud de Román de ponerle siempre coto a los poderosos.
En 2002 Riquelme emigró a Europa. En Barcelona el entrenador holandés Louis Van Gaal le espetó en uno de sus primeros entrenamientos: “Tú no esprintas nada”.
El argentino fue así, sin saberlo, uno de los protagonistas de una obra teatral que jamás se estrenó: La muerte del Enganche.
Van Gaal lo corrió a una banda y el jugador no se sintió cómodo. Sin embargo, en Villarreal la rompió. Fue el mejor extranjero de la temporada 2004-2005 para la revista Don Balón y se aburrió de darle pases de gol al uruguayo Diego Forlán.
Pero la relación con el entrenador chileno Manuel Pellegrini se fue deteriorando.
Medios españoles de la época ventilaron después los caprichos del argentino: pidió una plaza de estacionamiento exclusiva, ordenó a los utileros sacarle presión a las pelotas, subió familiares al ómnibus donde se trasladaba la delegación oficial del club.
Un buen día a Riquelme se le dio por entrenar de auriculares y el técnico lo apartó del plantel.
Y pegó el retorno al club de sus amores. Allí, su trato con el periodismo generalmente fue frío y distante. Y frecuentemente prepotente. En una de sus últimas conferencias de prensa le dijo a los presentes: “Hay barras bravas porque ustedes hablan de ellos y no hablan de fútbol”.
Riquelme, quien en 2002 sufrió el secuestro de un hermano por cuyo rescate le pidieron
US$ 300 mil, consultará su futuro a sus hijos y amigos. “Para jugar en Boca tengo que estar al 100% y no lo estoy”. El nuevo Riquelme tendrá entonces un grado porcentual menor de talento.