ver más

Al principio de la reforma de la salud algunos dirigentes del mutualismo advertían que al permitir la existencia de los seguros privados dentro del sistema, compitiendo con el resto pero habilitados a cobrar una cuota extra al Fonasa, el Ministerio de Salud Pública (MSP) iba a generar un perjuicio a las mutualistas. Proyectaban que habría una transferencia de usuarios de sus instituciones a los seguros.

Esas voces se fueron silenciando al ver que las mutualistas engrosaban sus padrones y sus socios crecían más de 10% cada año. Pasaron del millón y medio de afiliados a los 2.100.000 de acuerdo a las últimas cifras disponibles.

Sin embargo, en cierta forma, lo que temían aquellos dirigentes se confirmó: entre 2008 y 2013 los seguros privados de salud pasaron de 65.000 afiliados a 90.000. El crecimiento fue, según datos oficiales, del entorno de 30% en todo el período. Y esos 25.000 nuevos asegurados que emigraron del saturado sistema mutual son los socios más codiciados: jóvenes y adultos, de nivel socioeconómico alto y sin enfermedades crónicas.

“Es cierto”, dicen los involucrados: la reforma trajo aparejado un movimiento de ASSE al mutualismo y del mutualismo a los seguros. Unos 1.400.000 uruguayos que accedían a la salud pero no a través de sus empleos (afiliados individuales o con cobertura por convenios colectivos) pasaron a formar parte del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). Otros 300 mil que no tenían cobertura fueron incluidos en el sistema. Como saldo de esa inyección de personas al SNIS, ASSE quedó con 300 mil usuarios menos, el mutualismo absorbió esa población y nuevos beneficiarios, y los seguros recibieron a los que pudieron afrontar una cuota extra a lo que se les descuenta de sus salarios.

Crecimiento pero con orden

Los seguros “crecieron pero en un volumen pequeño” y con un “público bien concreto”, señaló el presidente de la Junta Nacional de Salud, Luis Gallo. No hubo una “disparada” sino que el aumento ha sido constante. La explicación de ese crecimiento, dijo Gallo a El Observador, es “multifactorial”. Una persona no se cambia de institución solo por haber mejorado su “bienestar económico”. Pero si a eso se le suma el descontento (“posiblemente por las demoras”), puede que ambas cosas determinen el cambio.

Carlos Vallejo, presidente de la Cámara de Seguros Privados y gerente de Summum, sostiene que las empresas que representa crecieron con usuarios que emigraron del mutualismo, pero con los nuevos colectivos que ingresaron al sistema. Coincide con Gallo en que la superpoblación de las mutualistas, así como el crecimiento económico del país, son las causas del crecimiento de los seguros.

El aumento de afiliados ha sido, según dijo Vallejo a El Observador, con un “adecuado equilibrio con la infraestructura”. “Para nada compromete la calidad de nuestras prestaciones”, aseguró el directivo. Además, la superpoblación que ha afectado al mutualismo “no es un problema” para ellos “por el momento”. Y como los seguros pueden controlar el ingreso de nuevos socios, no les preocupa que más personas quieran cuidar su salud allí.

Sin embargo, el crecimiento ideal tiene un límite y la barrera es la “calidad asistencial”. Eso explica que la publicidad de estas empresas, aun en los períodos de apertura del corralito durante cada febrero, no apunte más allá de la “recordación de la marca” y la consolidación institucional.

“Una de las razones sobre las que se sustentan nuestros diferenciales tiene que ver con la no masificación de nuestras instituciones, ya que ello complica en gran medida el cuidado por la calidad de nuestros servicios”, afirmó Vallejo.
Mutualismo “en franca mejoría”

En el mutualismo ven con cierto recelo la posibilidad de los seguros de regular su padrón y quedarse con los pacientes de mejor nivel socioeconómico y menor riesgo sanitario. Le llaman “descreme” a esa cláusula establecida en la ley por la cual los seguros realizan “contratos” con sus usuarios en vez de inscripciones. En general contemplan opciones: ingreso sin restricciones, ingreso con limitaciones por alguna enfermedad preexistente, o no ingreso directamente. El límite de edad que aceptan son los 59 años.

En parte por eso, Luis González Machado, presidente de la Cámara de Instituciones y Empresas de Salud y gerente del Hospital Evangélico, reivindica el rol de las mutualistas.
“El sistema que produce satisfacción para el grueso de los uruguayos es el mutual”, alegó González Machado.

El directivo –cuyas declaraciones fueron a título personal y no de la cámara que preside–, dice que ASSE “está en una dificultad tremenda”, al punto que “si se abriera la posibilidad de que todos sus usuarios pudieran correrse, habría una estampida al mutualismo”. Aclaró que algunos servicios del prestador de salud estatal funcionan bien, pero en suma la gente prefiere el mutualismo.

Según González Machado, el mutualismo está frenando la superpoblación que les generó la reforma y viene “en franca mejoría”. La principal explicación es la sobrecuota que el MSP les da para inversión en obras o equipamientos desde 2013. Algunas instituciones pudieron ampliar así las instalaciones que les habían quedado chicas. Si bien todavía queda por resolver la falta de recursos humanos, el dirigente sostiene que el mutualismo está saliendo adelante. “La reforma confirmó la vigencia de nuestras instituciones”, concluyó.