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Sin viento

Cuando la economía uruguaya y la del resto del mundo marchaban sobre ruedas, se hacía fácil para el gobierno mantener la tranquilidad pero ahora que todo se hace más volátil se deben tomar medidas

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02 de septiembre de 2018 a las 05:04

La economía uruguaya se encuentra desde hace un par de años en una situación de leve crecimiento, cuyo margen es menor o mayor según se cierre o no la refinería de ANCAP. Pero de algo entre 1,5 y 2% no salimos. Brillante dirá el gobierno, dado que nuestros vecinos están en recesión. Ello demuestra que nos desacoplamos. Nosotros, sigue el argumento, al menos técnicamente hablando –caída del PIB en dos trimestres consecutivos-, zafamos de la recesión. 

Otros, en cambio, dirán que no zafamos de un estancamiento, de estar en una meseta productiva y de haber perdido nada más ni nada menos que 55.000 puestos de trabajo en el sector privado (porque en el público siguen creciendo los vínculos laborales como crecen los hongos después de la lluvia) desde diciembre de 2014. Y vaya que es tremenda paradoja que con la economía creciendo se haya perdido esa cantidad de empleos. Desde tiendas gubernamentales hay sorpresa por esta cifra. No debería haberla porque ello es consecuencia de políticas laborales aplicadas durante años. Sí debería haber preocupación que generara una dosis de realismo en la fijación de las pautas de crecimiento salarial y en el manejo del gasto público que crece sin parar cuando la economía se expande y cuando la economía se estanca. Lo único seguro es que el gasto público crece y va a seguir creciendo y que no hay chance que se cumplan las metas fiscales del gobierno que ya se han traspasado para… el próximo gobierno

Es que antes, con viento a favor, era muy fácil manejar las cuentas fiscales, la emisión de deuda, otorgar aumentos salariales generosos en el sector público, tener la economía indexada, y mantener seguro el grado inversor. Ahora que la economía mundial está más volátil, que los mercados emergentes se sacuden desde Turquía hasta México, que las tasas de interés en Estados Unidos suben y el dólar se fortalece es el momento de saber si hemos construido una prosperidad sobre arena o sobre roca. 

Tomemos el turismo, la famosa industria sin chimeneas. ¿Qué hemos hecho para no depender exclusivamente del tipo de cambio de la Argentina? Pues muy poco. Aparte de una pequeña diversificación de turistas que vienen de otros países, el grueso sigue siendo Argentina. Y al son de la economía argentina, bailamos. La temporada 2017/18 fue excelente. La próxima promete ser funesta, tanto que el gobierno se apresta a rebajar todo el IVA a los turistas que se animen a venir. Pero a los uruguayos que nos quedamos aquí, seguimos pagando IVA como duques. El país está caro y no por un tipo de cambio que se ha flexibilizado sino por la rigidez del gasto público, la elevada presión tributaria y el elevado déficit fiscal. Hace tiempo que estamos caros y solo nos ha salvado que Argentina estuvo más cara. Pero de nuestra parte, no hicimos los deberes para desarrollar la industria sin chimeneas a largo plazo.

El clima de inversión era bueno hace unos años. Ahora se ha deteriorado. Y se ha deteriorado la inversión extranjera directa. Mientras que en 2014 era el 4.1% del PIB en 2017 fue ligeramente negativa. Las cifras hablan por sí solas. Hoy por hoy, para atraer inversiones hay que darles grandes incentivos que, por cierto, no se le dan a las empresas uruguayas que quieren invertir en este, su país. Baste pensar en todos los beneficios que quizá harán posible UPM2. Incluso con cláusulas de prevención de conflictos sindicales. Pero esos beneficios fiscales y laborales, no están disponibles para los uruguayos que quieren invertir. O si lo están, lo están en muy pequeña escala y sujeto a constantes presiones de los sectores más radicales del partido de gobierno.

La estrategia de apertura que se intentó llevar a cabo desde Cancillería y Economía encontró también tremendos escollos dentro del partido de gobierno. Hasta un modesto TLC con Chile sufrió duras críticas antes de ser aprobado y estuvo a punto de naufragar.

Hay un viejo proverbio árabe que dice “si no hay viento, reme”. El Uruguay se ha quedado sin viento. Estamos en la calma chicha. Es la hora de remar. Es la hora de demostrar que se puede gobernar para generar un clima favorable a la inversión. Es hora de autocrítica. Es hora de reconocer que se aplicaron, erróneamente, políticas procíclicas cuando la economía crecía a tasas chinas. 

Es hora de remar y no de hacer la plancha. Es hora de abandonar la autocomplacencia de lo logrado y de mirar lo pronto que puede venirse abajo y lo mucho que falta para lograr. Es, sobre todo, hora de entender la política de otorgar derechos y mejoras sin contrapartida de obligaciones y responsabilidades es receta para el fracaso. Remar implica eso: asumir las responsabilidades, algo que sistemáticamente se soslayó. Es más fácil oficiar de Papá Noel –creando 70 mil empleos públicos que decir “ajústense los cinturones”. Es hora de generar una cultura de trabajo y responsabilidad. 

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