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Falta salir del país, aunque sea acá nomás, para darse cuenta que el trato que tenemos en Uruguay con los periodistas extranjeros no es el mismo que reciben los uruguayos que viajan a cubrir partidos al exterior.

En el Centenario falta que a los argentinos les pongan alfombra roja. Los periodistas extranjeros siempre suelen ser bien recibidos. Quizás no en todos los casos estén ubicados en cabinas, pero jamás están fuera de la zona dispuesta para prensa y –en la mayoría de los casos- ante las consultas pertinentes siempre encontrarán una buena respuesta.

Lo del Amalfitani fue lamentable. La atención a la prensa uruguaya dejó mucho que desear desde todo punto de vista. Había dos radios uruguayas en cabinas: el resto estaban afuera. La mayoría de los periodistas se encontraban en los “pupitres”: asignaban tres por medio. Lo lamentable es que los famosos “pupitres” estaban pegados a la platea de Vélez y en el mismo sector también había hinchas. Era evidente que iba a haber problemas.

Ya el día previo, al momento del reconocimiento, la atención y la disposición en el estadio de Vélez no fue buena. Y el día del partido se confirmó. Los canales de televisión (Canal 4, Televisión Nacional, Canal 10 y La Tele) recibieron un pase de prensa para la tribuna detrás de uno de los arcos; la misma en la que se ubicó la barra de Peñarol. A los periodistas de prensa escrita les dieron asientos en los que no se veía uno de los arcos y las radios estaban rodeadas de hinchas argentinos.

Para todavía empeorar aún más la falta de organización, el trato recibido tampoco fue el indicado. Una mujer que se encontraba en la oficina de prensa fue la más atenta a la hora de solucionar los problemas. Nadie más ayudaba. Ante cualquier consulta, la respuesta era la misma: “Suba el tercer piso. Oficina de prensa” (con cara de pocos amigos, claro). Aunque la pregunta fuera dónde quedan los vestuarios.

Como era de esperar, en el momento del gol de Peñarol comenzaron los incidentes. La Policía respondió y pretendía sacar del estadio a los periodistas uruguayos (sí se llevaron a algunos periodistas partidarios del conjunto carbonero). Rompieron vidrios, lanzaron proyectiles e insultaron sin parar.

Considero que tanto en el Centenario como en el Parque Central a los periodistas extranjeros no se los mezcla con los hinchas y no son maltratados. Menos invitados a concurrir al medio de la hinchada. En Uruguay, somos demasiado buenos.