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La versión agresiva de Luis Suárez se vio por primera vez en noviembre de 2010 cuando en ocasión de un clásico entre Ajax y PSV Eindhoven por la Eredivisie de Holanda morió al turco Otman Bakkal en el cuello.

La liga le dio siete partidos de suspensión y su club otros dos partidos.

Ya en Liverpool (llegó en enero de 2011) fue suspendido en tres oportunidades.

La primera por el incidente de racismo con Patrice Evra: ocho partidos.

La segunda por hacerle un gesto obsceno (le levantó el dedo mayor) a la hinchada de Fulham mientras se estudiaba el expediente por el caso Evra. Le dieron un partido más.

La última al final de la temporada 2012-2013, cuando mordió al serbio Branislav Ivanovic: le dieron 10 partidos.

Ahora la FIFA lo castigó con nueve encuentros con la selección uruguaya.

Pero a eso se suman los cuatro meses que deberá estar al margen de la actividad en su club, Liverpool.

Eso lo privará de estar en 13 partidos entre la Premier League, la Copa de la Liga (Capital One Cup) y la Liga de Campeones.

En total son 41 partidos. Y todo eso sin ver una sola tarjeta roja.

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