Tantos libros marean, tantos buenos libros deleitan
El domingo en la Feria del Libro de Buenos Aires fue un abanico de cultura, show y una pizca de circo, desde Mujica a Cielo Latini, desde John Banville al folklore argentino
En la Feria del Libro de Buenos Aires las sensaciones vienen en oleadas sucesivas. Al entrar al enorme predio de la Rural Argentina frente a Plaza Italia en Palermo pega primero la vastedad de la oferta. Son más de 360 stands de expositores, desde editoriales de renombre a casas independientes menos conocidas, desde grandes a pequeñas librerías, desde puestos de representación nacional de los países de la región a las provincias argentinas y diferentes organismos públicos y privados.
Dividida en pabellones consecutivos, la feria despliega su océano de libros y deja que los visitantes se tiren al agua por donde quieran (o por donde puedan).
Este domingo pasado, final de un fin de semana largo, la asistencia a la feria fue intensa. A pesar del fanatismo futbolero porteño (jugaban Boca-River) la gente llenó el predio de la Rural gracias a un abanico amplio de visitas “estelares”. Ese mismo día se presentaron el mexicano Paco Ignacio Taibo II, el irlandés John Banville, la argentina Cielo Latini y el uruguayo José Mujica.
Una recorrida por la feria
Entre la cantidad de gente, stands y libros, luego de la sensación de vastedad viene el mareo. Es demasiado para ver y los ojos no alcanzan. Entonces apenas pueden pestañear y sacar instantáneas. El stand de Paraguay conmemora los 150 años de la guerra de la Triple Alianza y muestra abundante bibliografía al respecto, mientras que el stand de editorial Galerna ostenta un enorme afiche de un libro sobre Los Beatles y Jacques Lacan. En la Fundación Borges se puede jugar al ajedrez, al tiempo que en un largo pasillo hay una exposición de fotos de Adolfo Bioy Casares.
Asimismo, en el stand de Bolivia se presenta la obra completa del periodista y cronista Jaime Saenz, mientras que en el de Chile hay en primera fila un análisis sobre la presidencia de Salvador Allende en clave de comedia, que se llama Carne de estatua, de Jorge Montealegre. En el salón de Ciudad de México, urbe invitada especial para esta edición de la feria, la novelista Guadalupe Nettel, ganadora del premio Herralde 2014, conversó con la periodista Leila Guerriero, al tiempo que en la barra se servían tequilas y tacos a roletes.
También estuvo presente el stand uruguayo confeccionado por la Cámara del Libro. Entre 30 y 40 editoriales locales pusieron sus libros para que la representación nacional fuera lo más completa posible. “La gente consulta por Mujica, por No Te Va Gustar, pero nos sorprendió que el libro más vendido este año fuera la Poesía completa de Idea Vilariño”, dijo a El Observador Ezequiel Figueredo, encargado del stand.
En ese océano de papel, tinta y humanos que se mueven por los pasillos lentos como ganado (por algo es la Rural), genera enorme emoción encontrar perlas sumergidas, como las que están en el stand de la remozada editorial Losada. Desde los clásicos de siempre hasta autores del siglo XX, en el aniversario de sus 70 años, la editorial porteña se luce como una dama anciana que mantiene toda la elegancia.
De pronto, se llega al stand de las editoriales independientes argentinas, de gran influencia en el ambiente cultural porteño. En un mismo espacio están Entropía, Beatriz Viterbo, Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo, Caja Negra, Katz y Mar Dulce.
Justamente en Mar Dulce es una gran noticia encontrar una edición de cuentos del minuano Juan José Morosoli, bajo el título El campo. A influjos del poeta argentino Ignacio Di Tullio, que unió a Banda Oriental (dueña de los derechos de Morosoli) y al editor de Mar Dulce, el periodista y poeta Damián Tabarovsky, se acaba de publicar este libro de cuentos, elegidos por el propio Di Tullio. Mar Dulce edita además a una de las nuevas voces de la narrativa argentina, Selva Almada, con dos títulos: El viento que arrasa y Ladrilleros.
Cuatro destacados
Luego de que se le toma el pulso a la feria (y la mano al mapa) es más fácil organizarse y saber elegir qué ver, a dónde ir y dónde no. Si hay un género en el que el escritor Paco Ignacio Taibo II, autor de una extensa obra de ficción y de no ficción, brilla por encima de los demás es la biografía. En 2006 publicó una voluminosa vida de Pancho Villa y diez años antes otra de Ernesto “Che” Guevara. De este último libro habló en su charla dominguera frente a un grupo de fanáticos.
Entonces llegó el turno de Banville (ver primer recuadro) y el discreto y refinado autor policial que vive en su interior, que se presentó en una sala pequeña del predio. Esta situación contrastó con el evento que en simultáneo se sucedió en el enorme pabellón Jorge Luis Borges. Allí se lanzó el libro Una oveja negra al poder, de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz sobre José Mujica.
El libro sobre la vida del expresidente y actual senador uruguayo relata parte del enfrentamiento entre el mandatario y la mandataria argentina Cristina Fernández. Sin embargo, Mujica afirmó en la feria tener el “más íntimo respeto” por Fernández, aunque reconoció haberla visto “enojada como una araña mala, ofendida”.
El senador dijo además que pretende ser “un maestro” para futuras de generaciones. “Déjenme morir con utopía por lo menos”, afirmó.
Luego de ver cómo sigue vigente el éxito internacional de Mujica, con auditorio aplaudiéndolo de pie y firma de autógrafos en el gran stand de Penguin Random House, ¿alguien podía pensar que esa misma noche habría algo o alguien capaz de opacar al exmandatario? No, pero sucedió.
Una larga fila de mujeres de todas las edades, pero con claro predominio de jóvenes, se enroscaba en torno al stand de la editorial Planeta. Allí estaba Cielo Latini, la autora del a esta altura “clásico” Abzurdah (ver nota), el libro de 2006 donde confiesa su caída adolescente en la bulimia y anorexia, y que mantiene vigente todo su éxito. Como si se tratara de una estrella de rock y tan extraña al ambiente literario como Mujica, Latini firmaba ejemplares, tiraba besos, sonreía para las selfies y trataba a las fans con todo cariño.
Las horas fueron muchas y las piernas y los ojos, como River, piden la hora. Después de las presentaciones y haber llenado los oídos de varios idiomas y acentos, cuando uno se retira caminando en el fresco aire otoñal porteño, al pasar raya el resultado es altamente favorable. La feria literaria más importante de Sudamérica dejó su marca. Fuera de la Rural, los hinchas de Boca, roncos, salen de los bares.