No ganó un solo partido en toda la Copa. Fue de más a menos. Arrancó dominando a Ecuador y le mereció ganar a Brasil, pero luego se fue desinflando. Terminó como una pálida imagen de aquellos Paraguay de Chilavert, de Celso Ayala, del Toro Acuña, del mejor Santa Cruz. Sí, todo eso es cierto. Tan cierto como que el Paraguay de Martino no juega a nada, porque hasta en defensa sufre como un condenado. Pero a su vez, tan cierto es que no le ganó a nadie como que no perdió con ninguno. Pudo ser goleado con Brasil, pero zafó, y debió perder con Venezuela, pero pasó. Ese Paraguay, diminuido pero tan querendón como siempre, y que se banca mil y un golpes hasta dar el suyo, es el que tendrá Uruguay enfrente el domingo a las 16 en el Monumental de Núñez, nada menos que por el título de la Copa América.
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Sin haber ganado un partido, el equipo guaraní está en la final de la Copa América ante Uruguay: empató 0-0 con Venezuela en los 90 y le ganó 5-3 la definición por penales