ver más

No ganó un solo partido en toda la Copa. Fue de más a menos. Arrancó dominando a Ecuador y le mereció ganar a Brasil, pero luego se fue desinflando. Terminó como una pálida imagen de aquellos Paraguay de Chilavert, de Celso Ayala, del Toro Acuña, del mejor Santa Cruz. Sí, todo eso es cierto. Tan cierto como que el Paraguay de Martino no juega a nada, porque hasta en defensa sufre como un condenado. Pero a su vez, tan cierto es que no le ganó a nadie como que no perdió con ninguno. Pudo ser goleado con Brasil, pero zafó, y debió perder con Venezuela, pero pasó. Ese Paraguay, diminuido pero tan querendón como siempre, y que se banca mil y un golpes hasta dar el suyo, es el que tendrá Uruguay enfrente el domingo a las 16 en el Monumental de Núñez, nada menos que por el título de la Copa América.

El partido fue un bostezo largo. Larguísimo. Tanto como de 120 minutos. Cerrado, de dientes apretados pero sin ideas y apenas un par de ocasiones de gol, por lo cual el 0-0 fue lógico.

Paraguay intentó algo con el juego aéreo, y Venezuela por las bandas con el desborde de Rondón. Sin embargo, ambos pensaron el partido desde la defensa, como ha sido en toda la copa, y no tuvieron argumentos en ataque para desnivelar ese equilibrio táctico total, pero ante todo, para superar el propio miedo a perder.

Venezuela, con menos armas, fue más valiente. Y en el alargue mostró más entereza física para ir a buscarlo. Probó por las bandas, con Rondón y Cichero, que tuvieron el aparte de Giancarlo Maldonado, que vino desde el banco y fue peligroso con tiros por afuera.

¿Paraguay? La versión reducida de aquellos grandes equipos de la década del 90 y principios de los 2000, que defendían con el alma y eran implacables arriba. Para peor, en el primer chico Santana se fue con roja, por lo que se agrandó el dominio venezolano, que tuvo tres tiros en los palos. Le faltó punch arriba, y solo eso le quitó la chance de llevárselo en el alargue.

Claro, le tenía en su suelo, pero no lo remató. Y con Paraguay eso no se puede hacer. Por eso, cuando llegó la hora cumbre de los penales, Venezuela dudó, y el guaraní no, y se llevó los penales 5-3. Sufriendo hasta lo indecible, pero festejando al final. ¿Le suena?