A partir de Una casa de muñecas y Espectros de Henrik Ibsen, el próximo 10 de noviembre se estrena Ibsen ha muerto (o lo que le hubiera pasado a Nora), con la dirección general y adaptación de Fernando Rodríguez Compare.
A partir de Una casa de muñecas y Espectros de Henrik Ibsen, el próximo 10 de noviembre se estrena Ibsen ha muerto (o lo que le hubiera pasado a Nora), con la dirección general y adaptación de Fernando Rodríguez Compare.
A pesar de que Henrik Ibsen murió hace 117 años, aún es peligroso: su teatro continúa siendo el más feroz y crítico sobre la hipócrita moral burguesa. Ibsen ha muerto pone el foco en sus personajes femeninos: mujeres apasionadas y reprimidas, bondadosas y malvadas, sumisas y rebeldes, sacrificadas y pacientes.
En Una casa de muñecas Nora Helmer descubre que su adiós y su portazo final ya no son suficientes; en Espectros lena Alving, que ya no puede pegar portazos y debe aprender a decir adiós. ¿Será Elena, la Nora que no pudo dar el portazo e irse? ¿Podrá Ibsen seguir “espantando burgueses” en el siglo XXI?
La obra se presenta los viernes y sábados a las 21hs y domingos a las 20.30hs en un espacio no convencional. Las reservas se realizan por el correo .
FICHA TÉCNICA
Elenco: Alessandra Moncalvo, Sergio Luján, Mauricio Delgado y Ricardo Perdomo.
Adaptación y dirección general: Fernando Rodríguez Compare
Vestuario: Cecilia Parra
Escenografía: Guillermo Ifrán
Iluminación: Álvaro Domínguez
Arte y diseño gráfico: Alejandro Persichetti
Asistente de dirección: Micaela Clavell
Gestión Cultural: Altamira Gestión Cultural- Tania Pintos Correa
Referente de producción: Camila Puente Michelena
Prensa: Altamira Gestión Cultural - Juan Manuel López
Sobre Henrik Ibsen
Ibsen murió hace más de un siglo, pero aún es peligroso. En el siglo XIX, poetas decadentistas como Lautréamont y Baudelaire gritaban a voz en cuello, que buscaban Épater les bourgeois (Espantar a los burgueses). Temas como los problemas del matrimonio, el lugar de la mujer en la sociedad, la educación, la religión y la libertad social, entre otros – fueron tratados con intensidad y sin miramientos.
Ibsen afirmaba que los protagonistas de sus obras debían ser hombres y mujeres en los que se reconocieran los espectadores, y que los dramaturgos debían observar la vida cotidiana para inspiración de las mismas; que las fuerzas de la tragedia ya no podían ser el destino y la religión como en la época clásica, sino el factor psicológico, el conflicto entre obligaciones e ideales, la exploración de la injusticia social, la política, la guerra, las adicciones, las relaciones humanas.
Más que retratista, Ibsen fue un topógrafo social, y sus personajes, líneas que señalan la altura real de la sociedad, las cumbres a las que aspira el ser humano y los terrenos reales por los que se arrastra.