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Había una obligación: obtener tres puntos. Lo de la noche de este martes para Nacional fue una victoria trascendente, vital para lo que resta del grupo. De esas que se sufren, como cada partido de copa, pero que regocijan al hincha para lo que viene.

Quizá, en esta clase de partidos, no importen las formas. Pero el DT tricolor empezó a jugar el partido con una idea bien definida: dos volantes de contención, Tabaré Viudez suelto más adelante y Gonzalo Bueno y Vicente Sánchez despiertos por las bandas para desbordar. Y cuando la idea estaba concretada, por el medio aparecían volantes para generar jugadas directas de gol.

Con una teoría, que no fue puesta en práctica con claridad, Nacional fue en busca del partido. De su partido; con la conciencia que perder puntos era, quizás, una cuasi eliminación del torneo continental.

Territorialmente, dominó. Como diciendo "acá mando yo", jugó en la cancha de los peruanos en el primer tiempo y fabricó jugadas por las bandas: primero Sánchez, que tomó una pelota en el borde del área pero, ante el aprieto de un defensa incaico, la pelota se fue al córner. Luego tuvo una Matías Vecino. El volante se vistió de nueve, algo que quiere Gallardo de este mediocampista, pero no logró conectar un centro que provino desde la izquierda.

Así como el bolso fue a jugar su partido, Alianza Lima fue a hacer el suyo: cuidó el resultado, esperó a Nacional y contragolpeó. La hegemonía territorial tricolor, originó la exposición a un ataque que podía ser letal. Y pudo ser. Christopher Hurtado corrió desde la mitad de la cancha hasta el área mayor, Burián achicó y el jugador peruano no direccionó bien su remate, por lo que el tricolor se salvó de milagro de un testazo.

Marcelo Gallardo asumió la obligación de ganar desde el arranque. Pero en el segundo tiempo intensificó la apuesta. Puso a Álvaro Recoba y sacó a Facundo Píriz. Se jugó a más creatividad en detrimento de contención. Y con el "Chino" en cancha, Viudez gozó de más libertad: gravitó por izquierda, por derecha y también por adentro. De ese modo, nació el gol: un pase de Darwin Torres golpeó en un defensor peruano -los jugadores albos estaban en posición adelantada- la pelota derivó en Vicente Sánchez que trianguló con Gonzalo Bueno y Tabaré Viudez. El "10" tricolor definió de taco, a puro talento, y anotó el primer gol del partido.

Fue el tanto de la serenidad, que le permitió a los albos jugar con más paciencia y quitarle intensidad al partido. Con ese panorama, el tricolor encontró más espacios y Alianza sintió la obligación. Pero cuando el conjunto incaico fue a buscar el partido, se encontró falto de instrumentos para conseguirlo.

De a poco, y con el hilo conductor de Recoba, el bolso dominó lo que restó del partido. Tuvo una chance en los pies de Vicente Sánchez, que mano a mano con el arquero no pudo convertir.

Tuvo una obligación y la fue a cumplir. La consiguió y crece su ilusión de avanzar en el torneo continental.