Tesoros enterrados en la arena
El Museo de Arte Precolombino e Indígena decidió salir a la costa a buscar arqueólogos aficionados, en un programa que se llama El MAPI va a la playa
Excavaciones recientes en la playa del Cerro revelaron hallazgos interesantes: restos óseos fósiles antiguos, fragmentos de artefactos de cerámicas y piedras talladas con inscripciones enigmáticas. Los descubrimientos fueron realizados por un equipo multidisciplinario de niños de la zona e incluso alguno que se acercó especialmente para la tarea.
Se trató de la primera edición de El MAPI va a la playa, un programa del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) para divulgar su labor fuera del recinto edilicio. El jueves empezó una movida arqueológica playera que visitará varios lugares de la costa uruguaya. El éxito en la playa del Cerro fue evidente. Varios grupos de niños, buena parte de ellos simples curiosos que se acercaron al ruido, en tanto que otros fueron invitados por el programa Playas.
Manos a la obra
La primera etapa de la tarea era preparar el terreno plantando evidencia, para que los niños encontraran algo interesante, cosas de las que hablar en la etapa de análisis de los hallazgos. Por eso se enterraron las cerámicas, las piedras y los restos fósiles, todos ellos réplicas de originales del MAPI. El director del MAPI, Facundo de Almeida, se preocupa en aclarar que nada de eso queda después del trabajo. “Está todo debidamente marcado y catalogado, y nos llevamos todo”, dice, no sea cosa que se piense que el MAPI está sembrando el suelo de pistas falsas.
Una vez con los niños, el trabajo consistió en una introducción teórica, en la que se explicaban las diferentes etapas del trabajo del arqueólogo, porque la excavación es solo un paso, antes y después hay mucho trabajo. Los jóvenes se mostraron atentos y receptivos hasta el final de la charla y hasta se quedaron con ganas, unos cuantos, de seguir buscando, no sea cosa que por apurados se quedaran sin los huesos de dinosaurios que seguramente poblaron esa playa, antes de que se pusieran de moda Pocitos y Carrasco.
Ese día aprendieron que antes de excavar hay que buscar los antecedentes y realizar la prospección (buscar un buen lugar para encontrar lo que se supone que hay). Después llega la excavación, que los niños realizaron con los instrumentos idóneos. Después deben analizarse los materiales, aunque eso es lejos de la playa, en el laboratorio. Las últimas dos etapas son la interpretación y la difusión.
Gianluca Gerosa, uno de los investigadores más aplicados el jueves, se mostró satisfecho con sus hallazgos. En charla con El Observador, Gerosa, de 9 años y una hora de experiencia como arqueólogo, dijo que: “Buscamos piedras y cosas raras” y encontró “cuatro semillas de calabaza, una roca grande, oscura y brillosa, dos huesos y una roca con una inscripción, en la que se leían las letras M R O C y K”.
La actividad, según Gerosa, cumple con una ecuación favorable: “Está bueno. Es un trabajo simple, porque solo tenés que escarbar un poco”.
De Almeida cuenta la historia de uno de los primeros niños que llegó a la playa del Cerro a participar de la actividad: “Nos enteramos por la prensa, y mi hijo me dijo que quería venir, porque le dio con que quiere ser arqueólogo”, dice De Almeida que le dijo el padre del niño.
“Y lo peor es que el hombre lo va a tener que llevar al MAPI, porque al niño le gustó”, se ríe el director del museo, aunque aclara: “Esta es una actividad válida en sí misma pero no reemplaza la experiencia de visitar el museo y apreciar las piezas originales”.
Cosa rara
El MAPI es una institución muy particular. En lugar de adaptarse a las tradiciones locales y esconderse entre las paredes frías de su sede en la Ciudad Vieja para recibir cada tanto a escuelas y liceos cuidando que no rompan nada, lo que hace es salir a buscar su público, donde esté. Con el objetivo tan claro, la línea de acción es fácil.
De Almeida cuenta que, en un intento fatigoso de coordinar acciones culturales para el verano entre diversas dependencias públicas, de pronto decidió sacudir la modorra estival y dijo: “El MAPI se va a la playa”.
Y se fue nomás, como durante 2013 había salido a las calles de Casavalle, el Cerro y Piedras Blancas, en el marco de un taller que arrancaba con la pintura rupestre y terminaba con el grafiti. También habían salido en 2011, con el tema “Cuestión de piel” sobre tatuaje y transformaciones corporales. La idea en ambos casos fue tratar expresiones contemporáneas que se relacionaran con la actividad del MAPI.
“Nuestra tarea es tender puentes entre pasado y presente”, dice De Almeida, en esa concepción terca del museo como algo vivo, que se mueve en el tiempo. Con esa idea fue que se planteó la exposición en Rocha de una muestra del fotógrafo italiano Guido Boggiani, que rescató en imágenes el Chaco paraguayo del siglo XIX.
Para después del verano está prevista la inauguración de la Sala de Arqueología, en el sótano del MAPI. En realidad ya está todo preparado: solo se espera que los arqueólogos vuelvan de las excavaciones playeras.
El nuevo sitio consta de una sala de excavación de 32 metros cuadrados y un recorrido por las etapas del trabajo arqueológico y la exhibición de piezas extraídas de diferentes entornos.
Desde marzo, el MAPI será como una playa prehistórica con todo para descubrir en sus entrañas. Porque, de alguna manera, la arqueología sigue de moda.