Días atrás circuló una foto de Johnny Depp en la que se le ve desmejorado físicamente, con notoria pérdida de peso y demacrado. Inmediatamente comenzaron a circular versiones, ninguna de ellas fundamentada, que decían que tenía una enfermedad terminal. La conjetura no resultaba convincente, pues el actor había estado realizando conciertos musicales en días previos y lucía energético, sin dar señas de una posible enfermedad, más allá de que había perdido peso. Por otra parte, en las fotos en las que lucía enfermo, aparecía sonriendo, como si todo estuviera bien y solo se tratara de un cambio físico relacionado a una próxima película. Esto tampoco fue confirmado. A los actores no les gusta ser fotografiados cuando sufren alguna enfermedad grave –casos Humphrey Bogart y más recientemente Val Kilmer–, por lo tanto, resultaba un tanto extraño que Depp apareciera tan despreocupado, permitiendo suponer mediante su desparpajo que se trataba de una maniobra autopromocional para generar hipótesis de todo tipo, treta popular hoy en día en el mundo del espectáculo y de la farándula.
Todo lo que reluce es oro: cuando la verdad tiene un papel secundario
Los hechos y las afirmaciones no deben demostrar su verosimilitud y credibilidad para recibir atención masiva