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Joseph Kony es un rebelde ugandés, líder del Ejército de Resistencia del Señor. Sus fuerzas usan el secuestro de niños para convertirlos en soldados y de niñas para someterlas como esclavas sexuales. También se destacan por la crueldad de las mutilaciones y desfiguraciones, como forma de infundir el terror.

Se cree que desde que comenzó a operar, en 1987, ha secuestrado entre 20 mil y 30 mil niños. Su poder actual, sin embargo, está muy lejos de sus mejores épocas. Hace seis años que está escondido en alguna parte de la selva del sur de
Sudán y se estima que sus tropas se cuentan en unos pocos cientos, incluyendo, tal vez, algunas decenas de niños secuestrados.
Para las decenas de millones de personas que vieron y creyeron en el mensaje de Kony 2012, un video realizado por la ONG estadounidense Invisible Children (Niños Invisibles), la realidad es otra. Ellos tienen la versión de que Joseph Kony tiene un ejército de 30 mil niños que se expande a cada instante y que se trata de la mayor amenaza que pende sobre el continente africano.

La calidad del lenguaje publicitario de la pieza es extraordinaria. Un artículo de Delia Rodríguez en el diario español El País lo define como “un algoritmo audiovisual calculado para que lo compartas”, y explica una serie de trucos usados en el filme y que actúan sobre las emociones de los espectadores.

Entre ellos, el planteo de la lucha entre el bien y el mal, sin matices; la narración en primera persona; una gran cantidad de niños, con el protagonismo de uno rubio; la narrativa muy moderna, desarrollando la historia desde Facebook y llamando a la autorreplicación; el lenguaje electoral; las masas haciendo actividades todos juntos; el uso de famosos y la explicación del tema como para que lo entienda un niño.

La película no tiene títulos sino que termina con el llamamiento a apoyar la causa y la ONG, y fundamentalmente, a reenviar el video.

El éxito fue tan escandaloso (fue visto 70 millones de veces en cuatro días y recaudó US$ 5 millones en dos días) que la polémica se disparó.

Los responsables de Invisible Children, Ben Keesey, Jason Russell y Chris Carver, han sido acusados no solo de simplificar y falsear la situación en Uganda y de manipular la realidad para lograr un efecto explosivo, sino también de no usar las finanzas para ayudar a quienes dicen querer ayudar.

Keesey protagoniza otro video, en respuesta a este último aspecto, en el que reconoce que las críticas existen, pero niega categóricamente ningún desliz y detalla cuidadosamente el comportamiento financiero de la ONG. Por lo demás, las cuentas de la organización son públicas.

Las manifestaciones de apoyo a Invisible Children son, de todas maneras, abrumadoramente mayoritarias.