En 1986, el licenciado en Letras de la Universidad de Waseda (de Japón) Yūji Horii presentaba, bajo el auspicio de Enix, el que sería el primer juego de una extensísima saga: Dragon Quest. No lo hacía solo. Se acompañaba nada menos que de artistas de la talla de Akira Toriyama –si, el creador de Dragonball Z– en los diseños y de Koichi Sugiyama –responsable de la banda sonora de varias entregas de Godzilla– en la música. El juego pretendía sentar las bases del Role Playing Game en Japón, al tiempo que era pionero en poner por encima de todo el argumento, su complejidad y coherencia.
Treinta años y tan fresca como siempre
Un nuevo Dragon Quest marcará el debut de la consola Nintendo NX