ver más

El técnico de Uruguay, Óscar Tabárez, confirma su tendencia de amoldarse a las características del rival de turno a la hora de armar el equipo y el modelo táctico y, por tercera vez apostará a las modificaciones.

Ni siquiera las necesidades del equipo de tener que ganar lo hacen pestañar. Es su forma de entender el juego. Primero marcamos y limitamos al rival y luego generamos. Así lo viene haciendo desde aquel 0-3 contra Perú en la Copa América de 2007 que lo marcó.

En el debut el equipo jugó con un 4-3-3 definido. La idea fue tomar el protagonismo. Lo asumió, generó, pero no la pudo embocar y terminó igualando.

En el segundo juego ante los chilenos la intención fue entregar pelota y terreno a los trasandinos. El modelo cambió. Entró Palito Pereira para ayudar en el mediocampo. Apostó a Coates en la zaga. El esquema fue un 4-4-2 como en el Mundial con dos volantes por adentro y dos por afuera.

Y esta noche, a escasas horas del partido contra México, la intención pasa por un 4-3-1- 2. Es que, si bien el Cebolla Rodríguez y Tata González pueden ocupar ancho de cancha, el primero tendría más libertad para jugar suelto y juntarse con los puntas. Como todo en el fútbol, el diseño es flexible y se puede transformar en un 4-4-2.

Tabárez estudió a su rival. La idea fue trabajada. Ahora solo resta plasmarla en la cancha. Uruguay necesita despegar.