Bajmut se encuentra en la orilla del río Bajmutka, un afluente del río Donets, en la región de Donetsk. Tenía unos 100.000 habitantes y a medida que estos días arreció la artillería rusa, la mayoría se fue de la ciudad.
Bajmut se encuentra en la orilla del río Bajmutka, un afluente del río Donets, en la región de Donetsk. Tenía unos 100.000 habitantes y a medida que estos días arreció la artillería rusa, la mayoría se fue de la ciudad.
El objetivo de las tropas enviadas por el presidente ruso Vladimir Putin, tras haber sufrido reveses en otros de los territorios anexados, es capturar Bajmut y cortar las líneas de aprovisionamiento del ejército ucraniano.
En estos días, los mayores movimientos militares se dieron al sur, en Jersón, que sí está en poder de Rusia y donde los ucranianos avanzan provocando la evacuación de la mayoría de la población civil. Las tropas rusas en Jersón están preparadas para intentar frenar a sus rivales ucranianos. En caso de que esa ciudad cayera en manos de Kiev, para Moscú sería una pésima noticia, ya que es un punto estratégico por su cercanía con Crimea, aliada a Moscú desde 2014.
Del modo inverso a lo que sucede en Jersón, Bajmut está en manos ucranianas y son los rusos quienes pretenden tomar el control de la ciudad para quebrar las líneas logísticas ucranianas.
Putin viene de tres semanas donde el campo de batalla le resultó negativo. Desde el 5 de octubre, cuando Rusia promulgó la anexión de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, en vez de consolidar su poderío, Moscú recibió las noticias de avances continuos de tropas ucranianas en esos territorios.
Si los preparativos para el asalto a la ciudad de Bajmut se concretaran, el Kremlin podría exhibir que su decisión de anexionar territorios tiene resultados concretos.
Hasta ahora, y durante los últimos cinco meses, esa ciudad del noreste fue objeto de incesantes bombardeos rusos, lo que supone un debilitamiento de la capacidad militar ucraniana. Sin embargo, desde Kiev, el presidente Volódimir Zelensky dijo esta semana que el intento de tomar Bajmut era “una locura de Putin”.
Según medios de Kiev y de la agencia estadounidense AP, la línea de vanguardia para el asalto a la ciudad sería la del Grupo Wagner. Se trata de fuerzas de alta preparación militar contratadas como soldados de paga por una compañía privada con base en Moscú.
Por su parte, las tropas ucranianas disparan con morteros y artillería pesada contra los acantonamientos rusos que, se supone, lanzarían la ofensiva y que se encuentran a apenas cinco kilómetros del perímetro de Bajmut.
En lo que va de octubre, esa ciudad no cuenta con agua de red ni con suministro eléctrico. Esto último es un elemento más para la evacuación voluntaria ya que las bajas temperaturas del otoño empezaron a hacerse sentir. Periodistas de AP en el lugar consignan que quienes se quedan se calientan y cocinan con leña. Lo que recogieron es que nueve de cada diez habitantes civiles se fueron y que la ciudad está ocupada militarmente por las tropas de Kiev, las que esperan de un momento a otro el ataque ruso.
Mientras Zelensky pide apoyo financiero y militar a sus aliados de occidente, desde Washington bajan las expectativas de involucrarse aún más en el conflicto. Si bien la Casa Blanca y el Pentágono proveyeron de misiles a Zelensky, Joe Biden presiona a su par ucraniano para evitar una escalada bélica.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov advirtió en setiembre a la OTAN que cruzarían una “línea roja” en caso de aportar misiles de largo alcance a Ucrania. La razón es geopolítica: si Kiev ataca objetivos en territorio de Rusia, la escalada podría ser incontrolable. Washington y sus aliados no quieren lidiar con una respuesta de Moscú que salga de territorio ucraniano.
A su vez, Zelensky no cesa de reclamar más y más provisión de misiles para poder continuar con la ofensiva y tratar de equilibrar un conflicto que, en los papeles, es desigual. Pese a que Rusia invadió Ucrania y debe combatir en un terreno hostil, su capacidad bélica y logística es muy superior a la de su oponente. Además, Ucrania está recibiendo apoyos financieros que, en algún momento, se pueden convertir en pesado lastre por hipotecar al país. Eso lleva a que Kiev deba acompañar los tiempos de quienes les dan el apoyo. Y Washington es el más importante.
La OTAN no quiere suministrar a Kiev misiles de largo alcance. Ya en mayo, Joe Biden lo había dicho en una rueda de prensa en la Casa Blanca: “No enviaremos a Ucrania sistemas de misiles que puedan impactar en Rusia”.
Avanza el otoño y la guerra, tras más de ocho meses, no da muestras de vías de diálogo. Mientras tanto, en el terreno operativo lo que suceda en Jersón y en Bajmut podría significar el choque de fuerzas de infantería y no solo atraques de artillería, que hasta ahora fue lo dominante en el conflicto.