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El presidente estadounidense Barack Obama y los líderes del Congreso de ambos partidos son los protagonistas de una película digna de Hollywood. En una reunión urgente en la Casa Blanca acordaron a contrareloj realizar un último esfuerzo para evitar que en Año Nuevo la principal potencia del mundo inicie una caída lenta pero sostenida hacia un “precipicio fiscal”. Para ello, el Senado y la Cámara de Representantes deben pactar en las próximas horas un plan económico que sustituya un paquete tributario y de baja del gasto público, que en los hechos debería entrar en vigencia el próximo 2 de enero, del cual todos dicen que será altamente recesivo y que echará por tierra las tibias señales de recuperación económica.

Y ese “precipicio fiscal” tiene ingredientes que harían templar a cualquiera: una combinación de aumento de impuestos y recortes de gastos federales de más de
US$ 600 mil millones –que podrían alcanzar a US$ 800 mil millones– que amenazan con golpear la primera economía del mundo, que todavía lucha por recuperarse de la crisis de 2008 y que otra vez empieza a sentir la respiración de la recesión.

Se trata de medias automáticas de reducción del déficit que están incluidas en una ley de 2011 y que deberían entrar en vigor en enero. Se prevé que el impuesto a la renta aumente para el 98% de los estadounidenses en promedio entre unos US$ 2 mil y US$ 3.700.

Además, la ley establece un recorte del gasto público del orden del 7% al 9% del PIB (Producto Interno Bruto).

El origen de este problema está en la falta de acuerdo entre demócratas y republicanos para reducir el déficit. En 2011 el Congreso creó una comisión especial sobre el tema que tampoco logró una salida mayoritaria.

De acuerdo con las estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), el PIB podría caer 0,5% en 2013 y el desempelo podría trepar a 9,1%.

Por si eso fuera poco, el gobierno de Obama enfrenta un grave problema de deuda. Si no se llega a un acuerdo, la Casa Blanca necesitará que el Congreso autorice a aumentar el tope de la deuda. En los últimos días, el Tesoro estadounidense advirtió que el lunes 31 se llegaría el techo –US$ 16.400 billones en números redondos– y que en ese caso deberían aprobarse medidas de emergencia para evitar un incumplimiento de pago.

Los legisladores republicanos han sumado ese problema a la negociación para lograr más poder en los planes de reducción del déficit público.

El viernes 28, Obama –que había suspendido sus vacaciones en Hawai para retomar las negociaciones con los líderes del Partido Demócrata y el Partido Republicano– se reunió en la Casa Blanca con Harry Reid, el líder de la mayoría demócrata, y Mitch McConnell, quien encabeza a la minoría republicana, y los tres convinieron en que a más tardar hoy domingo se debería alcanzar un acuerdo que reciba luz verde en la Cámara alta y pueda ser aprobado antes de fin de año por la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos. El Partido Demócrata es mayoría en el Senado (53 y 45, respectivamente) y el Partido Republicano es mayoría en la Cámara de Representantes (242 y 193, respectivamente).

La composición del Congreso es lo que obliga a Obama a negociar un plan con los republicanos. La diferencia sustancial es la tributación de los sectores más ricos.

Ahora todo depende de la habilidad política de los dos veteranos legisladores que intentarán forjar un acuerdo en 48 horas lo que durante meses ha sido esquivo a la Casa Blanca y el Congreso.

Ayer mismo, los negociadores del Congreso se instalaron en sus oficinas del Capitolio para intentar los últimos esfuerzos que eviten que la principal economía del mundo caiga a un precipicio.

El Senado tiene previsto celebrar una inusual sesión el domingo a partir de las 13:00 hora local (1800 GMT), pero oficialmente no está claro si se reunirá la Cámara de Representantes.

Los consejeros de los jefes de filas del Senado, trabajan en la elaboración de un acuerdo que resulte aceptable tanto para los demócratas como para los republicanos.

Obama pretende una reducción del saldo en rojo mediante un aumento de impuestos a las clases más adineradas y la oposición republicana prefiere bajar el déficit por la vía de recortes del gasto público.

La oposición quiere menores aumentos en el gasto y en los impuestos y más recortes en la Seguridad Social, Medicare y Medicaid.

En ese complicado escenario económico, Obama había hecho un último intento directo para evitar el durísimo paqueta fiscal, que terminó en fracaso como otras negociaciones anteriores. La semana pasada, el mandatario estadounidense y el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, intentaron sellar un acuerdo, pero varias decenas de republicanos que se oponen a las alzas de impuestos desafiaron a su líder y rechazaron un plan para subir las tasas a quienes ganan más de un millón de dólares.

A pesar de todo ello, Obama dijo en las últinas horas que por el diálogo político en la Casa Blanca del viernes 28 ahora está “modestamente optimista” sobre las posibilidades de que se pueda lograr un acuerdo.

“La hora para una acción inmediata está aquí. Es ahora. Ahora estamos en el punto en el que en apenas cuatro días está previsto por ley que suban las tasas de impuestos de todos los estadounidenses. El sueldo de cada estadounidense será considerablemente menor. Y permitir eso sería un error”, dijo Obama a periodistas.

Bajo el plan negociado el viernes, cualquier acuerdo entre McConnell y Reid sería apoyado por el Senado y luego aprobado en la Cámara de Representantes liderada por los republicanos antes de fin de año.

Todos los ojos se posan sobre la Cámara de Representantes porque es donde se podría liquidar cualquier consenso.

Un grupo de republicanos se opone firmemente a los esfuerzos de Obama por subir los impuestos a los más ricos como parte de un plan para reducir el déficit de presupuesto de Estados Unidos. Los republicanos también quieren ver que Obama se comprometa a realizar mayores recortes al gasto.

La negociación
La negociación se concentrará principalmente en el umbral a partir del cual se aumentarán los impuestos a las familias de mayores ingresos en el país y los analistas en Washington sostienen que ambas partes podrían acordar subir los impuestos para las familias que ganen más de US$ 400 mil o US$ 500 mil al año.

También está arriba de la mesa si el impuesto a la herencia debería mantenerse en el bajo nivel actual o si debería permitirse que aumente.

El demócrata Reid ya abrió el paraguas y advirtió sobre la dificultad de las negociaciones. “No es fácil, lidiamos con grandes números, y algunas de esas cosas que hacemos son algo complicadas”, declaró.

Empero el mensaje del republicano McConnell es algo más esperanzador. “Estaremos trabajando duro para intentar ver si podemos lograrlo en las próximas 24 horas. Así que estoy ilusionado y optimista”, sostuvo.

Si la pugna no se puede solucionar en el Senado, Obama dijo que quería que ambas cámaras del Congreso voten un plan elaborado por él que aumentaría los impuestos sólo a las familias que ganan más de US$ 250 mil dólares al año.

El plan también extendería el seguro de desempleo para cerca de 2 millones de estadounidenses y crearía un marco para un acuerdo de una reducción mayor del déficit el próximo año.

En lo que puede leerse como un último intento para convencer al Congreso, ayer el jefe de Estado urgió a los legisladores a evitar un aumento impositivo a la clase media y a asentar las bases para el crecimiento del país.

“Debemos hacer lo necesario para proteger a la clase media, hacer que crezca esta economía y hacer avanzar al país”, dijo Obama en su alocución radial semanal.

“Los congresistas están trabajando para evitar un aumento impositivo a la clase media, y creo que podemos llegar a un acuerdo que podría ser avalado a tiempo por las dos cámaras”, agregó.

Obama advirtió que si no se alcanzaba un acuerdo, planteará al Senado que se pronuncie sobre un paquete de medidas que proteja a la clase media de un aumento de impuestos, extienda un seguro de desempleo para los estadounidenses que estén buscando trabajo y “asiente las bases para progresos futuros en el crecimiento de la economía y la reducción del déficit”.

“Creo que una propuesta como esta puede recibir la aprobación de ambas cámaras, que tienen mayoría de los dos partidos”, dijo el mandatario.

“Si también deciden rechazarla, y dejan que la clase media se vea golpeada por un aumento de impuestos, es su prerrogativa; pero deberían permitir que todos voten”.

Nadie sabe aún cómo será el final de un drama político que parece digno de un guión de una película de Hollywood. Al final del film sabremos si baja o no el consumo de los estadounidenses, si se registra pérdida de capital y si ocurre una desestabilización bursátil, si habrá cesación de pagos, contracción de la actividad económica y menos trabajo.

De los actores políticos depende cómo terminará esta película sobre un apocalipsis presupuestario. (Basado en servicios internacionales)
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