Un avión que vomitó a un escritor
Roald Dahl tuvo un accidente cuando era piloto de guerra y ese impacto lo transformó en uno de los autores más importantes de las letras inglesas del siglo XX
Las historias de aviones a veces se mezclan con las de la literatura. El caso más citado es el del francés Antoine de Saint-Exupéry, pero no hay que olvidar a otros ases del aire que contribuyeron a letras, como los italianos Filippo Marinetti y Gabriele D’Annunzio. Pero resulta que en la Royal Air Force inglesa también hay un ejemplo muy importante: Roald Dahl.
La historia de la transformación de Dahl bien podría ser una película y en algún sentido, se conecta con El paciente inglés. Dahl, que todavía no sabía que tenía dentro un escritor en potencia, había estado asignado a varias misiones aéreas en Tanzania y Kenia en el inicio de la segunda guerra mundial. En sus relatos autobiográficos describe los paisajes que vio desde el aire en esos países antes de que existieran las reservas naturales.
Luego, el avance alemán en el norte de África lo llevó a que se trasladara para sobrevolar el desierto del Sahara en la costa egipcia del Mediterráneo. Un día en una misión de reconocimiento recibió coordenadas equivocadas y su vuelo se extendió más de lo que debía. Sin combustible y con la noche acercándose, el piloto Dahl intentó un aterrizaje forzoso en la arena.
Pero tuvo tanta mala suerte que las ruedas de su avión golpearon una roca y el aparato se fue de nariz contra el suelo. Dahl recibió un tremendo golpe en la cara que le hundió el tabique nasal y le provocó un sangrado en los ojos que lo dejó temporalmente ciego. Pero las penalidades seguían para el futuro escritor. Intentó salir como pudo del avión siniestrado y se colocó a un costado cuando la aeronave se incendió, explotó y por el calor comenzó a disparar sus ametralladoras. Dahl sintió el repiqueteo de las balas a su alrededor y de milagro no recibió un disparo.
A partir de allí, su suerte no hizo más que crecer. Una partida inglesa lo encontró al otro día semiconsciente sobre las arenas del desierto. Lo trasladaron al mejor hospital de la región, en Alejandría.
En ese lugar, durante su proceso de recuperación, se enamoró de una enfermera, Mary Welland. El golpe en la cabeza había trastocado su personalidad. Pasó de ser un joven reservado y hasta vergonzoso a ser desenvuelto y seductor. También su mente y su imaginación se ampliaron de forma considerable. Según su biógrafo, Donald Sturrock, Dahl comenzó a soñar cada noche con historias fantásticas que sucedían en inmensidades aéreas en los confines de los cielos que había recorrido.
Ya recuperado, volvió a volar y a derribar aviones enemigos (de la Alemania nazi y del gobierno francés de Vichy) y pasó a pelear en el frente griego. Pero volvieron de manera recurrente unos dolores de cabeza terribles que lo dejaron sin capacidad para operar un avión de combate en vuelo.
Por lo tanto regresó a Inglaterra, fue dado de baja y lo encomendaron a una misión diplomática en Estados Unidos, alejada del frente de guerra.
Al escritor inglés C.S. Forester, conocido como autor de la serie de novelas marineras protagonizadas por Horatio Hornblower, le habían encomendado escribir un artículo sobre el accidente del piloto Dahl. Se entrevistaron y Forester le pidió que pusiera por escrito lo que recordaba del incidente en el desierto.
Como si el destino llamara una voz interior que desconocía, Dahl comenzó a escribir sobre el hecho de forma fluida y rápidamente tuvo varias páginas frente a sus ojos. Cuando Forester leyó lo que había escrito se dio cuenta de que ahí tenía a alguien de valor. Publicó directamente la narración de Dahl y lo animó a que continuara con la tarea.
La materia prima la tenía de su período de recuperación en Alejandría.
El resto era cuestión de poner en papel las toneladas de ideas que flotaban en su imaginación.
Toda la obra de Dahl está sobrevolada por su pasión de piloto. Los miles de millas en el cielo se tradujeron en cada uno de los golpes a las teclas de su máquina de escribir.