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Esa bandeja de espuma plast que desechó un montevideano recorre decenas de kilómetros hasta llegar a la costa de Atlántida. “Desde la rambla se ve que se acerca a la costa una franja de basura”, ilustró Leonardo Herou, director general de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones.

Esa bandeja viaja junto con bolsas de nailon, tapitas y botellas de plástico, envoltorios de comida, filtros de cigarros y sorbitos que, o primero surcaron por un arroyo urbano, o fueron abandonados en la playa. En el mejor de los casos, forman la masa de 94,5 toneladas de residuos que, por día de verano, son levantadas de las playas de Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha. En el peor de los casos termina en el estómago de aves o tortugas o, con más paciencia, continúa su marcha hasta las islas de basura que se formaron en los océanos Pacífico y Atlántico y que se estiman en más de 100 millones de toneladas.

Las 94,5 toneladas representan, aproximadamente, los residuos sólidos malolientes que los vecinos de Cordón, Palermo, Parque Rodó, Aguada y parte de La Comercial y de Tres Cruces desechan en un día. O expresado de otra manera: es el mismo peso de 27 hipopótamos acostados bajo el sol.
“Es una tarea diaria y agobiante. Limpiamos lo más que podemos para que la playa pueda ser usada desde las primeras horas”, dijo Daniel Picún, director de la Unidad de Playas del servicio de Limpieza de la Intendencia de Montevideo (IMM). Pero se vuelven a ensuciar enseguida, en especial, por los malos hábitos de la gente.

Así lo señaló el alcalde de La Paloma, Alcides Perdomo, quien tiene a su cargo la cuadrilla de 22 personas que limpian la costa del departamento de Rocha: “La ciudadanía es muy sucia”. Y agregó que lo más sorprendente es que las madres tiren, “o entierren”, los pañales de sus hijos. Pero si hay que elegir algo sorprendente es que haya aparecido el envoltorio de un test de embarazo en la playa de Punta del Diablo (ver páginas 8-9). En la capital, la operación de limpieza comienza cada noche. De la hora 22 hasta las 8 pasan las máquinas en las playas del oeste y de playa Ramírez hasta playa Miramar. A las 6:30 salen los obreros para la recolección manual de aquello que haya quedado en la orilla, contra el muro de la rambla y dentro de 200 papeleras. La tarea finaliza a primeras horas de la tarde. La cuadrilla está integrada por 25 personas.

La tarea más ardua es la de los 160 obreros de Maldonado. En ocho horas llenan 12 camiones con 60 toneladas de residuos, más algas, mejillones, medusas y aves muertas. La recolección es manual porque se usa solo el rastrillado mecánico luego de un temporal.
Hay días excepcionales. Hace tres años se retiraron 20 toneladas de pescado de la playa del Cerro, en Montevideo, a la que llegaron tras un cambio de salinidad del río. O cada 2 de febrero por la fiesta de Iemanjá. La última vez se levantaron seis toneladas de ofrendas solo en la playa Ramírez.

Hace tres años también aparecieron 30 lobos marinos muertos en las orillas de Maldonado. Mary Araújo, directora de Higiene fernandina, contó que habían sido baleados. Ahora hay una carga inusitada de cáscaras de mejillones que se extiende hasta Rocha y por la que Perdomo espera una crecida del mar porque “no se da abasto” con la suciedad cotidiana.

Pero lo que más se encuentra es esa bandeja de espuma plast que, de forma irresponsable, se junta con otra y con otra y convierte la playa y el océano en tachos de basura.