Un día con Luis Suárez (segunda entrega)
El delantero de Liverpool recibió a El Observador en su casa
"Entonces nos vemos mañana a las 9 en Melwood”, le dijo el periodista, que a esa altura intentaba hacer malabarismo con las 27 horas de viaje que llevaba acumuladas (las 12 horas de vuelo a Madrid, la escala, las dos horas y media a Londres, y el tren a Liverpool). El último contacto había quedado acordado para generar el material para presentar un día en la vida de Luis Suárez. Una cena frugal en la tardecita de un Liverpool que se acerca al verano, pero el termómetro sin sol no trepa más allá de los 10 °C, y a descansar porque por algo existe la puntualidad inglesa. Unos 10 minutos antes de las 9 de la mañana –no fuera cosa que lo tentara la puntualidad uruguaya– el periodista estaba en el lugar acordado. Tras pasar los controles de seguridad se presentó en Melwood, el complejo deportivo del equipo inglés, y le pidieron que esperara en unos cómodos sillones. Lo que menos parecía aquello era un club de fútbol, por el lujo y confort. Parecía una oficina de un estudio de abogados.
De pronto, mientras el periodista esperaba, pasó Carragher, firmó tres camisetas y siguió de largo. Unos instantes después el técnico Daglish tomó el mismo camino e inmediatamente el capitán Gerrard, que se detuvo unos minutos para autografiar una decena de camisetas y pelotas. A esa altura el instinto del periodista quedó rehén de las circunstancias: encararlos hubiera significado un problema para Suárez. Al final del entrenamiento lo comprobaría cuando, en el mismo lugar, el periodista interceptó a Gerrard para hablar de Suárez, el capitán, con cara de pocos amigos, dijo que no hablaba. El invitado solo podía estar en contacto con Suárez, y así lo hizo saber el seguridad que acompañó al periodista durante las dos horas que estuvo en el club.
Tras la jornada de entrenamiento Suárez regresó a su casa. “Es muy diferente manejar aquí, porque se conduce al revés que en Uruguay. Tenés que estar mirando todo el tiempo para todos lados”, dice, sin quitar la vista de la calle y sigue relatando acerca de su experiencia en Liverpool. “Trato de estar en casa el mayor tiempo posible, evito llamar la atención”. Su válvula de escape es Barcelona. “Viajo seguido allí porque está la familia de mi señora, y puedo andar sin problemas”.
La llegada a su casa, el reencuentro con su hija Delfina, con su señora. Le prepara el almuerzo a la pequeña que en julio cumple un año. “Me gusta hacerle de comer, disfruto cuando la bañamos”, confiesa, y agrega: “Es la alegría de la casa”.
Sofía, la esposa de Luis, con la que comparte la vida desde los 15 años (ella tenía 13 y el salteño estaba lejos de las luces de la fama) le cuida la espalda al goleador. Madre y luchadora. En agosto del año pasado, después de una maratónica semana para inscribir a su hija –finalmente lo hizo en el consulado italiano en Barcelona–, se subió al auto con Delfina de tres semanas y manejó 25 horas desde España a Ámsterdam para encontrarse con Luis.
Así transcurre la vida del delantero uruguayo en Inglaterra, en donde juega desde enero y ya es ídolo. Es el jugador que más camisetas vende en la actualidad y es el referente futbolístico de uno de los grandes de Europa.
Vea los videos de la entrevista a Suárez que desde el viernes se publican en la web.