Ayer tuve un sueño raro. Soñé que empezaba el día y el aire estaba cargado de algo especial, pero difícil de describir. Que en la calle y hasta en el almacén dos veteranas hablaban de fútbol. Mencionaban a la historia sí, pero también al presente. Nombraban a Neymar, pero también a Martinuccio, y repetían una y otra vez lo que decían los periodistas deportivos en la tele.
Un día para soñar
La final de la Copa Libertadores remueve muchos sentimientos para los hinchas carboneros