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En un partido que era una final, y donde la defensa era estratégicamente más importante que el ataque, Peñarol se quedó con una mitad del libreto. Se paró firme y cortó caminos al gol del rival, se movió en bloque y casi no regaló espacios. Encontró un gol en el cierre del primer tiempo, pero luego le dejó la pelota a Inter, que encontró otro gol que puso el 1-1. Y ahí, el equipo de Aguirre se quedó sin armas futbolísticas. Cuando necesitaba sacar el partido fútbol, no tuvo respuestas, y eso puede costarle carísimo en la vuelta.

Peñarol había empezado mejor, y le había tirado el Centenario encima al Inter, pero que poco a poco había visto como los brasileños le iban cortando caminos al arco.

Experiente y con oficio, Inter se fue alejando de su zona defensiva para manejar –aunque sin profundidad- la pelota, y tener un par de chances de peligro, sobre todo de contragolpe.

Por todo eso, el gol de Corujo a los 37, tras una gran habilitación de Pacheco a Martinuccio, que terminó tirando el centro, fue fundamental. En un partido muy igualado, de esos donde los goles son más fortuitos que producto de la insistencia, el golpe carbonero cambiaba todo.

Peñarol debía cuidarse de no meterse atrás en el complemento. Pero no lo hizo. Se retrasó, y le dio la pelota a Inter. El rival no generó mucho, pero de a poco empezó a forzar las faltas del aurinegro, hasta que el fondo se llenó de amarillas.

Inter venía merodeando, manejando la pelota cerca del área aunque sin traer peligro. Hasta que a los 65, un tiro sin muchas pretensiones de Leandro Damiao encontró el pie de Valdez para desviarla, pasarle por encima a Sosa y poner el 1-1. Era el riesgo de tener a los brasileños cerca del área. En un partido de un gol, Peñarol debía ir a buscar el segundo, sabiendo que Inter ya tenía un gol de visitante, siempre clave en una definición

Aguirre buscó con Alonso por Paechco el peso en el área que no tuvo en toda la noche. Sin embargo, el problema estuvo mucho antes, en la creación. No tuvo una sola jugada en todo el segundo tiempo. Se quedó en el libreto defensivo le costó carísimo.

El telón del partido fue bajando lento, entra la falta de ideas de un Peñarol que tenía como generadores de juego a Freitas y Darío Rodríguez buscando pelotazos, porque Estoyanoff estaba anulado por la marca brasileña en la banda y porque Aguiar estaba más enfocado en la marca que en al creación. Así fue fácil para Inter, que no hizo más que mover la pelota y esperar al final.

Un empate 1-1 como local tiene sabor a poco. Pero más si el rival es el último campeón de la Libertadores. En una semana, el carbonero tendrá un viaje de arena demasiado gruesa.