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Hay frases que identifican y quedan marcadas. “A lo Peñarol”. Viene desde las entrañas de la historia de un club acostumbrado a ganar partidos que parecían saldados. “Peñarol de las hazañas”. Tomando en cuenta sus conquistas increíbles cuando nadie daba nada y quedaba la última pelota en disputa. “Esto es Peñarol”. Una forma de sentir e interpretar el fútbol. No importa si jugás bien o mal. En Peñarol te trasmitirán siempre ese espíritu que viene desde sus entrañas.

Y esta versión 2011 que presenta el equipo de Diego Aguirre es el fiel reflejo de aquellas viejas enseñanzas que se trasmitieron de boca en boca y de generación en generación.

Este Peñarol es como los de antes. No hay vueltas. Juega con los dientes apretados. Va a cada pelota como si fuera la última. Es lo que pide su gente. Cada vez que el equipo ganó la Copa contó con el hombre indicado en el arco. El mundialista don Roque Maspoli, Gustavo Fernández que fue una muralla en Brasil, Eduardo Pereira y anoche Sebastián Sosa tapando balones vitales.

La defensa mete miedo. Como antes. Como siempre. Los del fondo son hombres curtidos. Críados a la antigua. Darío se formó con Julio Ribas y compartió batallas con Paolo Montero. Guillermo se recibió bajo el ala de los dos. Alejandro González los miró a todos. El fondo de Peñarol recuerda a aquellos de la década de 1960 con William Martínez y Matosas. La viveza era un arma permitida. Ablandar al rival con esas cosas que tiene el fútbol. Ayer en la primera pelota Guillermo Rodríguez le dejó en claro a Neymar que no la iba a tener sencilla. Se tiró con una pierna arriba de esas que hacen dudar. Y luego lo “acomodó” Darío. El brasileño se tiró y el veterano lo levantó alto del piso. Pero quedaba más, Alejandro González le dijo: “Te voy a tirar para afuera”.

En el medio Peñarol siempre tuvo gente que raspaba e imponía presencia. Hoy cuenta con Nicolás Freitas como abanderado a la hora de jugar con los dientes apretados. Y arriba fueron siempre uno o dos endemoniados y un punta de área. Cubilla-Spencer; Joya-Spencer; Venancio-Morena; Cabrera-Aguirre y hoy Martinuccio-Olivera.

Peñarol fue el fiel reflejo de su historia. Metiendo, empujando, jugando mal, sí, pero a su gente no le importa. Se aferran a una vieja leyenda que dice que Peñarol no puede ganar la Copa sin sufrimiento. Como los equipos de antes.