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Uno de los puntos destacados de esta edición de la Feria del Libro de Buenos Aires para la literatura uruguaya es el desembarco, humilde y silencioso, pero firme y potente, de Juan José Morosoli.

La editorial Mardulce, que integra esa camada de casas de edición independientes de Buenos Aires que marcan en varios sentidos la agenda literaria de la ciudad y por ende del país todo, fue quien se animó a imprimir al enorme escritor minuano en tierras argentas. El libro en cuestión es una antología de cuentos reunidos bajo el título El campo, con el cuento homónimo que abre la selección.

Aunque sorprenda, Morosoli es un autor muy poco conocido en la otra orilla del Plata. Editado entre fines de la década de 1950 y principios de la década de 1960 en Montevideo por la editorial Banda Oriental, el narrador minuano nunca tuvo una presencia dentro del conjunto de escritores uruguayos que podían destacarse en las marquesinas porteñas, como Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti o, más actualmente, Mario Benedetti y Eduardo Galeano.

Pero por la naturaleza de sus cuentos y por un tema cronológico tampoco integró esa suerte de nuevo desembarco uruguayo en Buenos Aires que se produjo hace poco tiempo, a través de autores como Mario Levrero, Armonía Sommers, Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio, entre otros.

¿Cómo se produjo entonces el contacto entre Morosoli y el lector argentino? Como en todo, las gestiones humanas son fundamentales. El poeta argentino Ignacio Di Tullio tiene varios amigos uruguayos, algunos de ellos escritores. Fue a través de ellos, de los múltiples cruces del Río de la Plata y de la asistencia a Minas cuando Damián González obtuvo el premio Morosoli de narrativa en 2009 que trabó contacto con la ciudad, con el contexto del autor e incluso con sus hijas, presentes en la ceremonia.

Allí estaba también el mítico editor de Banda Oriental, Heber Raviolo. Di Tullio queda prendado de la literatura de Morosoli y se sorprende de lo insólito de su desconocimiento en Argentina. Las ideas empiezan a cuajar.

En el verano de 2010, Di Tullio viaja a Montevideo, pasa por la sede de Banda Oriental en la calle Gaboto y le dice a Raviolo de su intención de publicarlo allende el río.

“A partir de entonces, me pongo en campaña y entro a llamar y a golpear puertas. Cuenco del Plata y Eterna Cadencia, me dicen que no, que no les interesa un autor ‘criollista’. Bajo la Luna me dice que sí, pero se demoran y patean para adelante las cosas, y el libro nunca sale. Mi argumento era que, siguiendo el interés de las editoriales argentinas por ediciones y reediciones de autores uruguayos, Morosoli no podía quedar afuera”, explica Di Tullio.

En la contratapa de un suplemento cultural del diario Perfil, Di Tullio encuentra un artículo elogioso sobre Morosoli del periodista y editor Damián Tabarovsky. “Me llamó la atención porque era lo primero que leía sobre Morosoli en la prensa argentina. En ese entonces Tabarovski era editor de Interzona. Consigo su correo y le escribo contándole mi promesa a Raviolo. Me dice que le encanta Morosoli pero que el perfil de la editorial no da con el autor, y que a la larga me va a llamar para publicarlo de alguna manera”, agrega el poeta gestor.

Pero, en medio de estas tratativas, fallece Raviolo en noviembre de 2013. Menos de un año después, a mediados de 2014, Di Tullio se entera de que Tabarovsky cambió de editorial, que está en Mardulce, y de que tiene intención de publicar al minuano. Lo pone en contacto con Alcides Abella, editor de Banda Oriental, quien tiene los derechos, y realiza una selección de los cuentos. Los cables ya están atados.

El otro día paseando por la feria me encontré con El campo. El libro resumía así un explícito homenaje a uno de los narradores más importantes del siglo XX en Uruguay y un implícito pero emotivo homenaje a la figura de Raviolo, impulsor de la obra de Morosoli.