Uruguay viene disfrutando desde fines de 2004 las desgracias económicas ajenas, en particular de Estados Unidos. La tasa de interés prácticamente en cero trajo capitales y bonanza al territorio suavemente ondulado. Pero la crisis de la deuda europea trae amenazas.
Ante los riesgos las autoridades locales anunciaron un programa de blindaje para sumar US$ 1.000 millones a los US$ 2.000 que tiene las arcas del Estado para curarse en salud. Si todo rueda mal, esos fondos cubrirían las necesidades de financiamiento por dos años.
En EEUU y Europa hay situaciones de bloqueo político que dilatan las soluciones a la cuestión de la deuda.
Frente a la necesidad de subir el tope de endeudamiento fijado por ley, los republicanos exigen al presidente Barak Obama un programa de recorte en áreas de asistencia social para reducir el déficit. Los demócratas, a su vez, aceptan bajar algunos gastos pero exigen más impuestos a la franja de ingresos altos. Ambos partidos están empantanados y la fecha límite para evitar un default técnico es el 2 de agosto.
En Europa, los alemanes demandan que una salida para los países en serio riesgo de default –Grecia, Portugal e Irlanda– contemple pérdidas para los tenedores de bonos. Francia rechaza esa posición porque ello significaría impago y crisis bancaria generalizada.
El gurú económico Nouriel Roubini planteó el lunes una salida como la de Uruguay en 2002. Implicaría un canje de los bonos actuales por otros con vencimiento a mayor plazo sin tocar el valor del principal ni la promesa de intereses. Ante las convulsiones los inversores se refugiaron en el oro y en el dólar, muy a pesar de EEUU. Ese fenómeno podría persistir en el tiempo si se caen los países en dificultades, lo cual significaría una caída del precio de las materias primas.
Si además se registra un enlentecimiento o recesión mundial, Uruguay sufriría un impacto. Podría defenderse con una suba del dólar, sobre la base de una remisión de las presiones inflacionarias, pero un nuevo desequilibrio global no sería inocuo. Es temprano para saber si los actuales sacudones son transitorios o si una crisis en serio cambiará las perspectivas económicas. Vale considerar mantener la liquidez o la posibilidad de convertir rápido las inversiones a efectivo para adecuar el portafolio al escenario que vendrá. De aquí en más, el mejor consejo es mantener un ojo en los estados de cuenta y otro en las noticias.
Un ojo en el estado de cuenta; otro en las noticias
Frente a riesgo de crisis vale mantener la liquidez o inversiones convertibles a efectivo con facilidad