Un préstamo que le cambió la vida a Urrutia
En plena crisis de 2002, cuando el campo –el trabajo del padre– no daba réditos, Claudia –la madre– firmó un vale en el BROU y santiago tuvo su primer kart; desde entonces, la carrera del piloto avanzó a puro vértigo
Salió todo a pedir de los Urrutia. Acá y allá. Acá, porque la lluvia de la madrugada del sábado suspendió la trilla de soja en plena zafra en el campo que tienen en Colonia Miguelete y permitió que Carlos, el padre de Santiago –un productor agropecuario de 43 años–, se prendiera a la computadora con Claudia, su esposa, la mamá del piloto y maestra en Ombúes de Lavalle, para ver la primera carrera de la segunda fecha del Campeonato de Fórmula 3 Open Europea. Allá, en Portimao, Santi hizo un carrerón, ganó con autoridad, según los especialistas, conquistó el primer triunfo y sorprendió a todos, hasta los organizadores, que no tenían el Himno Nacional para ponerle música al izamiento del Pabellón Nacional en un podio en el que el uruguayo de 16 años saltó como si fuera Schumacher en la celebración de su gran logro.
"Santiago aprendió a manejar en el tractor y en la camioneta. Tenía 7 años y ya andaba por el campo, porque no corría ningún riesgo" (Carlos Urrutia, padre del piloto uruguayo de Fórmula 3 Open Europea)
A los 5 años ya competía en karting, aunque la reglamentación no permitía que participaran menores de 9. Por esa razón, Carlos movió cielo y tierra para que lo habilitaran. Habló con el presidente del Iname, quien le dijo que si conseguía la ficha médica y superaba todos los exámenes psicológicos lo autorizaba. Una a una fue superando las exigencias, hasta que consiguió la autorización para que su hijo corriera en karting. El último logro fue de Claudia, casi en paralelo con las gestiones de Carlos. En plena crisis de 2002, cuando el campo no brindaba réditos, el magisterio le permitió gestionar un préstamo por US$ 800 en el Banco República. Y allá fueron los Urrutia a Montevideo para comprar el primer kart. Usado, pero parecía nuevo. Era el mejor. Lo utilizó cinco años. Ese día a Santi se le iluminaron los ojos. Fue como cuando a Diego Forlán le regalaron la primera pelota de fútbol o a Leandro García Morales la de básquetbol.