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En realidad son dos libros, de autores distintos, englobados en el mismo título: La historieta en el Uruguay, volumen 1. Un viaje en el tiempo 1890–1955. Abarcan desde la aparición de la publicación Caras y Caretas, hasta la muerte del dibujante Emilio Cortinas.

La primera parte, desde 1890 hasta 1931, es el trabajo de Gabriel Mainero y está introducida por una reseña de la historia del género en el mundo (desde las pinturas rupestres en las cuevas de Altamira) y las primeras ilustraciones aparecidas en Uruguay, en la imprenta que trajeron los ingleses y con la cual fundaron The Southern Star (La Estrella del Sur) en 1807.

Como parte fundamental de la etapa de “prehistorieta”, el autor cita la publicación, en 1876, de El Negro Timoteo, que se presenta como periódico político, satírico, burlesco.

Es, sin embargo, Caras y Caretas la primera publicación que le dará al humor gráfico una preponderancia tal como para considerarla inaugural del género de la historieta en Uruguay.

En su primer número, la revista aborda el tema de “nuestros trenes”, con ilustraciones de un tranvía a caballo que es asaltado mientras los pasajeros fuman tranquilamente sus habanos.

En 1910 se funda en Montevideo Billiken, “dirigida a difundir la alegría”. Ante la ausencia de registro de propiedad intelectual, el uruguayo Constancio Vigil funda nueve años más tarde, en Buenos Aires, una revista infantil con el mismo nombre, de gran distribución también en Uruguay durante todo el siglo XX.

En 1919 aparece Mundo Uruguayo, que tuvo una gran importancia en el desarrollo de la historieta en Uruguay.

Peloduro arrasa
José Ernesto Costa es el encargado de escribir sobre el lapso de 24 años que comienza en 1931, con las publicaciones de Geoffrey Foladori, en Mundo Uruguayo, y Julio E. Suárez en los diarios El Nacional, El Plata y El País.

Era una época de oro en muchos aspectos en Uruguay, la de aquella década de 1930. En el caso de la prensa, los diarios abundaban. Además de El Día y La Mañana, que sobrevivieron hasta casi finalizar el siglo XX, y El País, que se mantiene en la actualidad, existían El Bien Público, La Tribuna Popular, El Debate, El Pueblo y los vespertinos El Plata y El Diario, además de otras publicaciones que nacieron y murieron por aquellos años.

Por esa época la historieta empezaba a florecer y los amos y señores del género estaban en Estados Unidos.

Tarzán y los hombres hormigas aparece en 1932 en El Día, así como El capitán y sus sobrinos, ambas historietas estadounidenses. El Diario, por su parte, incorporó a sus páginas en 1932 a El ratón Mickey, una adaptación de Floyd Gottfredson del célebre personaje de Disney, que tuvo un éxito descomunal.

Es en ese contexto que el diario El País se congratula de incorporar en sus filas a Julio E. Suárez y anuncia con bombos y platillos La novela de Peloduro, del campito a la Olimpíada, el 15 de enero de 1933: “Es un imperativo del periodismo moderno la publicación de historietas. El gusto del público las reclama hoy”, dice el matutino y se pregunta un poco más adelante: “¿Estaremos en presencia de una nueva forma de arte que nace?”.

Después de 665 tiras publicadas en El País, el 24 de setiembre de 1935 se produce lo que en El Diario se denomina como “Un pase sensacional”, debido a la incorporación de Peloduro a las filas del vespertino.

“Como si el Ratón Mickey, la historieta más popular del mundo, no bastara para asegurar la predilección de la masa lectora de Uruguay... El Diario ha logrado la exclusividad de Peloduro”. Pocos días después, el 3 de octubre, se publica un dibujo en el que los personajes de las historietas del vespertino, incluido Mickey, le dan la bienvenida a Peloduro y a sus amigos, que es la viñeta que ilustra esta nota.

Un aporte necesario
El libro es entretenido, para quien le interese el tema. Se puede observar la evolución de la historieta en el medio con claridad y ambos autores están abocados a su tarea sin que sus propios egos los distraigan.

Desde el punto de vista gráfico, sin embargo, podría ser más atractivo. Los textos que acompañan las imágenes son difíciles de leer, por momentos, ya sea por su tamaño o por su calidad.

El aporte histórico es muy meritorio. La historieta en el Uruguay permite apreciar la evolución del humorismo gráfico en las publicaciones periódicas nacionales, desde el punto de vista de la estética de los dibujos y también de los temas, así como conocer a las figuras esenciales del género.