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Quedó tirado en el césped, boca arriba y tapándose la cara, intentando recuperarse de uno de los peores momentos que vivió en su carrera. Sabía que no lograron el objetivo en el partido más importante de la historia de América de Cali. Un policía lo levantó del piso y lo alertó: si no corría a los vestuarios podía ser agredido por los hinchas enfurecidos que estaban entrando al campo de juego. El ex zaguero de Nacional y Cerro, Pablo Melo, fue uno de los protagonistas del histórico descenso del conjunto colombiano, que el fin de semana perdió la Promoción y quedó sentenciado a jugar en Primera B en 2012. La mayoría de los jugadores abandonó el estadio Pascual Guerrero horas después del partido y en autos blindados.

La derrota despertó la furia de los hinchas, que invadieron el campo de juego, se enfrentaron a la Policía y destrozaron paradas de transporte, comercios y vehículos. Los jefes de la barra de América de Cali tienen direcciones, teléfonos y todos los datos personales de los futbolistas del plantel. Mantener una buena relación con ellos no asegura estar a salvo.

“Al final del partido estaba en la cancha. De repente se me acerca el responsable de la Policía, me agarró de la camiseta, me levantó y me dijo: ‘Levantate que esto se pudre’. Me paré y me di cuenta que era el único jugador que seguía ahí. Miré hacia el arco y ahí me di cuenta que se venían todos los hinchas”, dijo a Melo a El Observador. “Si me quedaba ahí me iba con 38 puñaladas y 22 balazos”, agregó entre risas.

Rápidamente corrió hacia la zona de vestuarios, donde ya se encontraban el resto de sus compañeros. Pero el miedo a las agresiones no terminó ahí: los hinchas de alguna forma lograron colarse, intentaron entrar al vestuario y los jugadores estuvieron tres horas sin poder salir. Cuando lo hicieron, muchos fueron trasladados en coches blindados. “Alguno se coló y después querían entrar en el vestuario... Estaba muy complicado. Es gente que está armada. No sé cómo, pero entran armados al estadio”.

“Salimos tres horas después del partido del vestuario. A los jugadores los sacaban en camionetas blindadas de la Policía y querían que se quedaran a dormir tipo en un cuartel, para que no pasara nada con los hinchas. (Jorge) Artigas había ido con su camioneta y yo me tiré en el piso de su auto y salimos”, narró Melo. El ‘Porteño’, ex Cerro, es el otro uruguayo que integra el plantel de América, aunque no participó de los últimos encuentros a raíz de la rotura de ligamentos que sufrió semanas atrás.

“Acá se habla de una administración de dirigentes que robaron mucha plata y que traen jugadores por conveniencia. Son dirigentes, representantes de futbolistas, manejan droga... Se meten en el fútbol para lavar dinero. Al club llegaron jugadores en los últimos años que no eran como para un cuadro grande”

“Ahora es mejor guardarse un poco”, reconoció Melo por temor a las represalias que puedan tomar los fanáticos del club a raíz del descenso. El jugador arribará el jueves a Montevideo para pasar las fiestas de fin de año en familia. “Después del partido me llamaron para agradecerme. Ellos no miran tanto lo bien que jugás; miran si metés”.

La barra bien brava

“La gente de la barra no tiene otra cosa que América. No tiene familia ni nada, su vida es el club. Son muy fanáticos, tienen dirigencia de barras; viajan igual 20 horas para ver un partido”, dijo Melo intentando explicar la importancia que tiene la institución para algunos de los fanáticos.

A mediados de año, cuando comenzó el torneo, América de Cali estaba prácticamente en zona de descenso directo. “Nos vino a apretar la barra”, comentó Melo y contó que el equipo ganó cuatro partidos en forma consecutiva; el rendimiento luego cayó y no pudo zafar de la Promoción.

Los barras tienen todos los datos de los futbolistas. Son entre tres y cuatro los jefes de la hinchada de América y suelen hablar con los referentes del equipo, esos criados en el club y ganadores de títulos. Son admiradores de las hinchas de Uruguay y Argentina y ese fue uno de los motivos por los que desde el comienzo de acercaron a Melo.

“Saben cuánto ganás, tu número de celular, donde vivís... El otro día se acercaron a mí y me dijeron la cifra exacta que gano. Me dijeron que lo tenía merecido, pero que había otros jugadores que no merecían lo que cobraban y que a esos había que apretarlos”, reconoció.

“Fue uno de los peores días de mi carrera. La gente nos hizo saber que era el (partido) más importante en la historia de América. Ellos daban todo, todos los títulos a cambio de quedar en Primera. Y nosotros no pudimos lograrlo”

Entre 12 y 15 hinchas de la barra concurren a diario a los entrenamientos del equipo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otros países, no suelen pedirles dinero a los jugadores; únicamente lo hicieron para el encuentro ante Patriotas, donde el recibimiento al equipo fue “impresionante”. Incluso los jefes de la barra están en contacto con integrantes de la barrabrava de Nacional, a quienes también conoce Melo de su época de jugador tricolor.
“Me llevo muy bien con los jefes de la barra. Ya me dijeron que quieren que me quede. Ahora quiero irme a Uruguay, porque no es fácil quedarte después de lo que pasó y de las amenazas. Aunque tengas buena relación con la barra, hablás con tres de ellos, no con los 5.000 que manejan. No sabés qué pueden hacer si entran al vestuario, porque el que entra ya está sacado”, explicó.

A pesar de los miedos y la presión que ejerce la barra de América, Melo está contento jugando en un grande de Colombia, en el que además los salarios son superiores a lo ofrecido en Uruguay y Argentina. “Si lo económico no cambia, me gustaría quedarme. Salgo con chaleco antibala a la calle pero me quedo (risas)”.