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Aquella selección que armaba campamentos en el interior del país, que bajo la gerencia deportiva de Osvaldo Giménez acumuló un año sin jugar partidos amistosos. Aquel equipo que se presentaba a cambio de los pasajes o que viajaba a los lugares más remotos y desconocidos para jugar amistosos, pasó a formar parte del recuerdo.

El camino fue largo y sacrificado. Que lo diga Tabárez cuando empezó. Lo mandaron a jugar a Radés la Copa LG. Inició el camino en Estados Unidos. Fue a Corea y Australia por un amistoso.

Pero después del Mundial de Sudáfrica, con el cuarto puesto en el bolsillo, la cosas comenzaron a cambiar. Para empezar la AUF elevó su cachet para salir a jugar.

Entonces cada presentación pasó de US$ 100 mil a US$ 250 como ocurrirá mañana contra los italianos.

Contar con el mejor jugador del último Mundial, como Diego Forlán, y con un joven sin techo como Luis Suárez, despertó el interés de las potencias.

Y de jugar con Irlanda, Rumania, Libia, Túnez y Egipto, se pasó a medirse con las potencias como había pedido el entrenador a los dirigentes.

La agenda se cargó de nombres como Chile (aquel equipo sensación de Marcelo Bielsa que fue segundo en las pasadas Eliminatorias), Alemania, Holanda y mañana Italia.

Claro que en medio del viaje hubo contratiempos como aquel partido con Indonesia donde renunció Diego Forlán por discrepancias con la organización. Es que el partido lo había ofrecido su hermano Pablo y lo terminó organizando Tenfield. Como consecuencia de ello Forlán no se presentó a jugar.

Fue el peor rival que enfrentaron los celestes desde que llegó Tabárez en 2006.

El presente es completamente diferente. La selección uruguaya se consolidó. El equipo es campeón, tiene a Forlán y Luis Suárez (mejor jugador de la pasada Copa América) como figuras. Y la situación es aprovechada por la AUF y la empresa que tiene los derechos para obtener mayores réditos a la hora de vender al equipo de Óscar Tabárez.

La historia no termina acá. A futuro están pendientes partidos con Brasil y España.