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Se lee con facilidad. Es un ejercicio de biografías breves (y truncas, porque se suspenden en el punto de madurez) escrito con empatía, sin que ninguna pretensión de la prosa entorpezca los destinos de las protagonistas.

El primer acierto de Zabala, quien ejerció como periodista y editora en El Observador y otras publicaciones, fue la elección de sus entrevistadas. Una mujer intendente, una médica con cáncer, una uróloga, una carnicera, una fotógrafa hija de un mártir, una taxista, una actriz y directora de teatro; una conductora de televisión rubia, una bailarina de ballet, una abogada laboral de alto perfil, otra conductora de televisión, que no es rubia y que busca pareja, una mujer de campo.

Daría la impresión de que la autora hubiera sentido la necesidad de saber qué sienten otras cuarentonas como ella, cómo se ven a sí mismas. Y también parecería que hubiera una intención edificante, optimista, luminosa, atrás de estas historias de vida.

“Yo siento más clara la tabla de las cosas importantes y las que no lo son. Eso trae un sentimiento lindo, un poco más de paz”, dice Magdalena Gutiérrez (45). Es algo que entra directamente en la categoría “ventajas de la edad” que sobrevuela el libro con alegría. “Realmente creo que se puede ser una veterana muy feliz”, resume la fotógrafa.

Marisa Bentancur, Magdalena Gutiérrez, Alma Martínez, Laura Mouro, María Ormazábal, Adriana Peña, Sara Perrone, Verónica Raffo, Lourdes Rodríguez, Victoria Rodríguez, Sofía Sajac, Yosceline Tabeira abren su alma.

Las historias cambian de ambiente, de tono, de grado de dificultad. Cambia el nivel social de las protagonistas, cambia la dureza de los gopes de la vida. Tal vez lo que hay en común es que se logra una intimidad del entrevistado con el lector. La voz de esas mujeres se abre paso con suavidad y firmeza. Son doce voces distintas, apenas matizadas por un estilo autoral.

“Sé caballero conmigo. Macho primate en la cama, sí. Pero fuera de la cama sé caballero conmigo. Soy tu princesa. Así funciona mi cabeza”. La que habla es Victoria Rodríguez, quien dice que no se niega a la cirugía que haga demorar la edad “pero siempre manteniendo la dignidad de envejecer: no me voy a negar a la posibilidad de un lifting pero no estoy dispuesta a terminar como una especie de Guasón, estirada y ridícula”.

La idea de Zabala en cada historia es entender. No recolecta frases más o menos fuertes o cómicas o dramáticas sino que busca un sentido en cada una de las 12 historias. Y lo encuentra.

Queda claro que hay historias mucho más interesantes que otras y que algunas de las entrevistadas es mucho más capaz de articular lo que siente y lo que piensa que las demás, pero ninguno de los doce capítulos es indigno del libro. Cada historia tiene su justificación en el conjunto, cada una por diferentes razones.

Sara Perrone recomienda, a las de cuarenta y pico, actuar con decisión y convicción: “Si vas a viajar meté pata, si vas a buscarte una empresa propia, meté pata, si vas a tener una familia, ¡meté pata! Porque lo que no lograste ahora... Uno siente que lo que quiere lograr tiene que empezar a aparecer. No hay más tiempo”.

Hay una imperfección refrescante a lo largo del libro. No hay una línea clara, una cantinela persistente, sino doce mujeres que pasaron los 40 y están de humor como para contar cómo les ha ido y qué piensan de la vida.