ver más

A las 9 de la noche del jueves, entre la ya familiar nube de mosquitos que molestaron hasta a los artistas, tres de los más emblemáticos exponentes de la música popular de Uruguay se dieron cita en la rambla frente al Club de Golf para un festival histórico: Rubén Rada, Jaime Roos y Buitres llevaron una cantidad de público impresionante y dieron un show que colmó –y superó con creces– las posibles expectativas del recital organizado por Nokia y Antel.

Apenas unos minutos después de la hora pautada, Rubén Rada y su banda subieron al escenario contra un espectacular atardecer y ante un público ya importante para cantar Biafra, un antiguo tema de su grupo Tótem. Desde el principio y a lo largo de un set que recorrió su carrera se vio a un Rada con su talento intacto, la voz en un estado envidiable a sus casi 70 años. “Vamos a tocar los dos temas que tenemos por contrato y nos tomamos los vientos”, dijo, antes de embarcarse en una versión de primera calidad de Ayer te vi.

Respaldado por una banda de un altísimo nivel en la que destacaron los guitarristas, su hijo Matías y Federico Navarro, Rada pidió relajo a un público que recién entraba en calor y entregó versiones espectaculares de Flecha verde y una muy aplaudida Tengo un candombe para Gardel. Luego se calzó el tamboril y puso a bailar junto con sus músicos a una creciente cantidad de personas.

El show fue aumentando en su nivel de rock con Dedos, presentada con justicia, como “un legendario tema de Tótem”, y Malísimo, en la que Navarro y Rada hijo se lucieron con dos solos incendiarios y crearon un verdadero momento mágico, mientras el padre se sacudía como si tuviera 20. Siguieron Terapia de murga y el cierre con Muriendo de plena, con todo el público enganchado al baile. Rada demostró por qué es uno de los artistas más renombrados del país, además de un showman fenomenal.

Un amor clásico
Diez y media comenzó la segunda presentación de la noche –Jaime Roos–, quien se presentó ante los gritos de una cantidad de personas ya impresionante con un “Salud, Montevideo”, antes de comenzar son una versión reducida de su espectáculo 3 millones. Roos abrió con una futbolera Bienvenido, y siguió con Cuando juega Uruguay. “Estamos tocando luego de nuestro héroe, nuestro ídolo, Rubén Rada”, comentó Jaime, dando muestras de que los conflictos del pasado quedaron en eso, en pasado.

Respaldado por un conjunto estelar que incluyó al clan Ibarburu, el guitarrista de Hereford Guzmán Mendaro y un juego de luces que sumó mucho, Roos pasó por una lista que incluyó canciones como Catalina, Las luces del Estadio y Se va la murga. Jaime se mostró de muy buen humor, y la gente acompañó coreando todas las canciones. Levantó mucho El hombre de la calle, que dedicó a Los Traidores, quienes supieron versionarla.

El cierre fue con un fuerte doblete de Adiós juventud, que incluyó el primer mini pogo de la noche, y Despedida del gran Tuleque. La gente explotó al final, y los “Olé, olé” trajeron de nuevo a Roos a escena. “Los Buitres se están maquillando”, bromeó Jaime como explicación de los bises, antes de despacharse con El grito del canilla y Colombina, cantada por todo el amplio público. “Hasta la vista”, tiró uno de los mayores ídolos locales antes de bajarse del escenario en medio de los aplausos.

Pogo de verano
Pocos minutos antes de las 12, la gente, ya constituida en un océano humano pocas veces visto en festivales en la capital, estalló en aplausos y gritos para recibir a Buitres. La banda entró muy enchufada y abrió con No te puedo matar. El pogo se armó de inmediato y fue creciendo en intensidad, a medida que el grupo atravesaba su repertorio a alta velocidad. Desde el primer acorde quedó claro que, junto con Trotsky Vengarán, Buitres es una de las bandas que más despega a la gente del suelo con sus canciones.

La gente festejó y cantó cada clásico: El tercer deseo y A cartas vistas generaron pogos descomunales. La banda visitó su pasado como Los Estómagos en Afuera la lluvia, Avril y Frío oscuro, y también al presente inmediato para La hoja y la flor, de su último trabajo, Bailemos, que fue muy coreada, además de ser la primera bajada de revoluciones. Claro que no duró mucho. El set se compuso más que nada de temas rápidos, cortos y muy potentes.
Gabriel Peluffo estuvo muy activo todo el show, y el resto de la banda probó que a Buitres los años no le pesan.

Carretera perdida fue coreada como el clásico nacional que es, y el final con Besos y Cada vez te quiero más parecía ser el broche perfecto, pero el grupo volvió y probó esa frase equivocada. Cadillac solitario y Ojos rojos fueron cantadas por todo el público presente, y el premio al mayor pogo se lo llevó, por supuesto, Buitres.

Puede discutirse que este último tema sea un recurso demasiado recurrente en la banda, pero lo cierto es que no había otra manera de terminar la noche. Un show de tal magnitud, tan representativo de la identidad uruguaya, no podía terminar de otra manera que con esa que todos saben. Los fuegos artificiales del final fueron decorativos. Difícilmente el espectáculo pudiera llegar más alto.

Seguí leyendo