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Es una sola mesa para doce personas, por lo cual lo más recomendable es gastar 18 mil euros y reservarla entera, sin tener que andar pidiéndole el salero a un desconocido. La idea de Sublimotion es del chef madrileño Paco Roncero, un pionero en esto de encontrar novedades rentables en el mundo de la gastronomía. Y encontró en el Hard Rock de Ibiza el lugar ideal para hacerlo.

La experiencia dura dos horas y media y tiene que ver con la comida y también con la sorpresa del espectáculo que se ofrece alrededor de la comida. La mesa es una pantalla plana que exhibe imágenes cambiantes en un movimiento acorde al de los comensales.

Los platos cambian de colores y a veces parece que levitaran, o todo se convierte en un picnic en el Central Park, de Nueva York o el mar Ártico o el río Amazonas, y hasta puede que una mariposa virtual se pose en el borde del plato. Bastará con un soplido para hacerla sobrevolar la mesa con su presencia etérera.

El equipo de cocina hace su trabajo en una cabecera de la mesa, aunque no es probable que los comensales les presten atencion, distraídos como deberán estar, por tanto movimiento , luz, color y sonido.

También hay una experiencia teatral de por medio, ya que los mozos son actores y actrices que cumplen con una coreografía secreta y cambian de vestuario según el acto de la obra en cuestión.

El menú intenta estar a la altura de tanta sofisticaición y originalidad. No solo se prepara a la vista de los clientes sino que se termina en la mesa, con un toque personal. Ahí es que aparecerán los colores últimos y se fundirán en esa experiencia sensorial que promete maravillar a los más exigentes.

Se promociona como el restaurante más caro del mundo, aunque hay que ver que se trata en realidad de una cena show, por más que nadie vestido de negro cante ningún tango. Es un show interactivo, además, porque la experiencia culinaria está relacionada dramaticamente con la visual y auditiva, y porque los movimientos de los comensales modifican las imágenes.

Ibiza ha servido de excusa para alivianar las billeteras más poderosas, con opciones de lujos en tierra, mar y cielo, pero Sublimotion se posiciona a la vanguardia en esta búsqueda del tesoro.

Se dice que “en el menú habrá momentos para el humor, el placer, la reflexión, la nostalgia e incluso el miedo” y que “los comensales viajarán desde el Polo Norte con un aperitivo frío que tallarán en hielo hasta el Versalles barroco con una rosa fundente en el paladar”. Los espectáculos varían, de tal manera que la gente puede volver a sorprenderse en cada visita a Sublimotion.

El chef Roncero dice que sazonará los platos “con emociones” para “crear una experiencia única que trasciende lo gastronómico y ofrece un infinito abanico de sensaciones”. Sin dudas se trata de una hipérbole. El abanico de sensaciones puede ser vasto pero no infinito, por más que alguien decida reservar la mesa durante todo el verano boreal (el restaurate abre el 1º de junio y cierra el 30 de setiembre hasta la próxima temporada).

El chef Roncero ha obtenido dos estrellas Michelin por su actividad en Madrid pero dice que la capital española no está preparada para una experiencia de este tipo. Seguramente Roncero se refiere a “una experiencia de este precio”, ya que Ibiza es un lugar que sí se destaca por la altura de sus precios y un eslogan como “el restaurante más caro del mundo” le va mucho más a la isla que a Madrid, una ciudad con una gastronomía exquisita y precios terrenales.

Así que preparen las tarjetas: la cita es en Ibiza.