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La sala auditorio Vaz Ferreira, ubicada en el subsuelo de la Biblioteca Nacional, tuvo una época de esplendor en la que la gente hacía cola para entrar a ver un concierto.

Corría el año 1978 y la situación del Uruguay era muy oscura en muchos sentidos, pero esta hermosa sala revestida de madera y con una acústica de gran calidad tenía una vida activa que hoy se extraña. Todos los martes actuaban conjuntos de cámara, los miércoles actuaba la Asociación de Estudiantes de Música y los jueves y los viernes ensayaba la Orquesta Nacional de Cámara, dirigida por el maestro Miguel Patrón Marchand.

“Entonces había presupuesto y la gente respondía llenando la sala”, dijo a El Observador Ronaldo Del Puerto, director artístico de la Vaz Ferreira en aquella época y hoy funcionario de una sala que soluciona sus muchos problemas como va pudiendo.

“Durante la dictadura cívico-militar, el Auditorio Vaz Ferreira le fue quitado a la Dirección de la Biblioteca Nacional y pasó a depender de la Dirección de Cultura. Terminado el régimen autoritario, la sala quedó en la misma situación. Poco a poco pasó a ser una especie de no-lugar: la Dirección de la Biblioteca no tenía potestades sobre ella y la Dirección de Cultura no tenía tiempo o ganas o presupuesto para gestionarla”, dijo Carlos Liscano, director de la Bibliotec Nacional, de quien depende la Vaz Ferreira desde 2010.

En la década del 80, las radios del Sodre transmitían los conciertos en vivo desde la propia sala. En la del 90, la actividad de la Vaz Ferreira mermó mucho.

Según Liscano, durante 16 años “la sala no tenía actividad, aunque sí tenía servicio de guardia 222 y contrataba una empresa de limpieza”.

La sala se reinauguró formalmente en abril de 2011 con un congreso internacional organizado conjuntamente con la Universidad de Lille III y la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay. “Todo esto fue hecho con recursos de la BNU”, dijo Liscano, quien calculó el costo de estas obras en $ 1 millón.

Para el director de la Biblioteca hoy la actividad de la sala es “intensa”. “Tratamos de privilegiar las actividades para niños, como teatro y música. También hemos tenido exhibiciones de películas que están fuera del circuito comercial y teatro experimental. Prestamos la sala para actividades académicas y damos prioridad a actividades de docentes”, dijo Liscano.

Pero según algunos funcionarios (en la sala trabajan seis) muchos días se va solo a cumplir horario. Uno de los problemas para organizar espectáculos para adultos es que los funcionarios no cobran horas extra, por lo que la sala no puede abrir ni de noche ni los fines de semana. Por lo tanto cabe la pregunta: ¿seis funcionarios son muchos o pocos?

“En la medida en que el personal no está estructurado para mantener la sala en funcionamiento normal y permanente no es posible decir si son muchos o pocos. De momento son apenas suficientes para el grado de actividad que tenemos”, respondió Liscano.

A partir de la gestión de Liscano, a la sala se colocaron nuevas cañerías de agua para incendios, una rampa para discapacitados, se renovaron los camerinos y se calefaccionó. Se limpió, se fumigó, se lavaron las alfombras, se repusieron luces y se compró un equipo de audio.

Hay más obras proyectadas que están detenidas por ausencia de rubro, como la instalación de dos ascensores que comunican el subsuelo de la sala con la Biblioteca a nivel de calle y el arreglo de los baños.

“Estos trabajos, si bien son imprescindibles, no solucionarán los problemas centrales del Auditorio Vaz Ferreira que, en mi criterio, son tres: falta de presupuesto propio, falta de director artístico y falta de personal”, reconoce Liscano.

La actual dirección ha demostrado voluntad y criterio para mejorar la sala, pero sin dinero no se puede avanzar demasiado.

Por su parte, Del Puerto cree que en los últimos años se han priorizado los megaespectáculos al aire libre por sobre los conciertos que se organizaban en la Vaz Ferreira. “Se cree que los conciertos de música clásica son cosa de viejos, cuando no es así”, dijo.