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Suárez no estuvo, pero estuvo. No estuvo en la cancha de Maracaná junto a sus compañeros y su ausencia se sintió como nunca. Pero estuvo en la tribuna, reflejado a través de cientos que pudieron usar las caretas de El Observador para demostrar su apoyo incondicional, a diferencia de otros que tuvieron que dejarla en la puerta. Estuvo en el vestuario, donde sus compañeros le dejaron el lugar y hasta la camiseta. Y, a decir verdad, su falta estuvo flotando en la cancha, donde el equipo no tuvo el poder de fuego, ese argumento especial que aparece cada vez que el salteño está dentro de la cancha.

Uruguay se embanderó por Suárez desde el jueves. Y ayer le hizo patente su apoyo de una manera casi increíble para el sentir nacional, generalmente cercano al perfil bajo. Alrededor de 200 personas estuvieron en la puerta de su casa, sufriendo con el frío y con el partido, gracias a que una empresa de cable, sin pedirle permiso al delantero, puso una pantalla gigante en la puerta de su casa para que la gente pudiera ver el partido.

Suarez estaba. Generó esa locura en todos los uruguayos. Era el concepto subyacente en toda esta historia de Uruguay en el Mundial. Desde que se lesionó el 21 de mayo y al día siguiente, cuando salió en silla de ruedas de la Médica Uruguaya, empezó la carrera contra el tiempo para llegar. Desde que se lo vio en el banco de suplentes, sufriendo la derrota con Costa Rica, y muchos pensaron que en realidad no llegaría a ningún partido. Desde que vivió su hora de gloria ante Inglaterra, quizás el momento más feliz adentro de una cancha de fútbol. Y desde ese instante fatal con Italia en el que vaya a saber qué se le cruzó por la cabeza y se le terminó el Mundial con la mordida.

“A nosotros nos generó mucha rebeldía y mucha fuerza y ganas de conseguir el resultado en este partido. Que Suárez es un jugador importante no necesita que lo diga yo, pero ya sabíamos que no iba a jugar y que no iba a estar cerca de nosotros por la sanción”, dijo Tabárez luego del partido en conferencia.

Suárez fue Uruguay en el Mundial. En él estuvieron los vaivenes anímicos de todo un país. La alegría, la preocupación, el llanto, la rebeldía, la necesidad de unirse y buscar un argumento para salir a jugar sin el héroe nacional. La noche cayendo en Ciudad de la Costa y la lenta dispersión de los hinchas que pasaron la tarde junto a Luis fue el resumen de la triste partida de los celestes.

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