Varela deja la armadura
El hombre de marzo, el encuentro es el final de una novela histórica en la que el reformador de la escuela uruguaya es un hombre con pasiones y defectos, en un contexto histórico de formación de la nación
Tomás de Mattos atiende el teléfono y empieza a hablar de José Pedro Varela y de sus viajes y de sus cartas y de su relación con el poder de turno y de su visión de la educación y de la democracia y de la mujer. Habla de los desafíos de escribir una novela histórica y de las lecturas actuales que pueden surgir de ese personaje y de los 11 años que le insumió escribir El hombre de marzo, en sus dos entregas: La búsqueda (2010) y El encuentro, que acaba de ser publicado por Alfaguara. Y todo porque parece que hay un periodista interesado del otro lado de la línea.
Su charla se hilvana con una fluidez milagrosa desde que explica que la intención fue “sacarle el herrumbre a la estatua de Varela en momentos en los que más lo necesitamos”. Y eso porque “todas mis novelas históricas están escritas pensando en la actualidad, porque la novela histórica anestesia los prejuicios y permite hablar con mucho más libertad”.
–¿Hablar de qué?
– “Hablar de ese espíritu vareliano que estaba instalado en el terreno de la libertad, pero siempre junto a la responsabilidad y a la justicia. Hablar de esa mentalidad que le hace pensar que aunque no se pueda hacer todo lo que se deba, hay que hacer todo lo que se pueda”.
En cuanto a la estructura de esta ficción que en sus dos tomos pasa alegremente las 1.000 páginas, De Mattos se apega a un artificio que ha usado en otras ocasiones: simular una biografía. En este caso, la de Varela se realiza con testimonios de Jacobo Varela –su hermano– Adela Acevedo de Varela, –su esposa– Carlos María Ramírez y Bartolito Mitre. Ese trabajo biográfico, “escrito” a fines del siglo XIX, es encontrado en 1969 y finalmente publicado en este siglo XXI.
De Mattos lo explica como una preferencia personal: “A mí me gusta que la novela histórica no parezca novela histórica sino documentos a los que accedí”.
Este libro, segundo y último capítulo de la saga de Varela, ha sido recibido con entusiasmo por intelectuales y especialistas por ser un acercamiento, de parte de uno de los escritores uruguayos más respetados, a una figura a la que le cuesta desprenderse de su condición de héroe indiscutido del pasado.
Tanto la relación de Varela con el dictador Lorenzo Latorre como el trabajo a ritmo de vértigo para impulsar y llevar adelante la reforma democrática más importante de la historia uruguaya están narradas en el terreno de lo humano y de lo concreto, evitando las abstracciones que rodean al “reformador”.
Ahora De Mattos volvió a trabajar en la idea que tenía cuando Varela se le atravesó en su camino: una novela protagonizada por Venancio Flores y Bernardo Berro, pero también lo tienta la idea de una novela policial protagonizada por Pedro Figari.
No descarta acometer las dos novelas al mismo tiempo, con la misma simultaneidad con la que ha cumplido con su otro oficio, el de abogado: “Tenés 10 casos y en algunos vas ganando y en otros no tanto”, cuenta De Mattos desde Tacuarembó, la que fue su patria adoptiva y donde se formó como escritor, en aquellas tertulias en lo del poeta Washington “Bocha” Benavídez.