Varese navega hacia aguas revueltas
Hoy en Punta del Este, el investigador e historiador explora el contexto y las peripecias de quienes arribaron a estas tierras desde Europa hace 500 años, entre ellos, el navegante Juan Díaz de Solís
Según el diccionario de la Real Academia una leyenda es una “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”, mientras que un mito es una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”.
La gesta de la conquista del continente americano está llena de leyendas y mitos. El investigador e historiador uruguayo Juan Antonio Varese, de larga trayectoria en la publicación de trabajos sobre la historia y el mar, se embarca a partir de hoy a las 19 horas en la Liga de Punta del Este en un viaje a lo largo de algunas de esas narraciones lejanas que dieron como resultado el mayor desplazamiento humano de los últimos siglos del mundo.
Invitado por la Comisión de Festejos de los 500 años del Encuentro de las Culturas, esta primera charla de Varese, de las varias que dará a lo largo del año, se centrará en el contexto que produjo las salidas exploratorias de los países de la Europa atlántica.
Motivada por una organización de guías turísticos que pretenden fortalecer sus conocimientos históricos sobre la región este, Varese navega hacia las aguas revueltas y confusas de la historia de la conquista en esta parte de América del Sur, antes incluso de que siquiera se llamara América.
La historia funciona como un cuento o como una serie de cuentos que, enrabados, forman un larguísima novela. Y para cada período hay una explicación anterior. “Los navegantes no salieron un día porque se les ocurrió”, dice Varese a El Observador con una sonrisa.
“Hay dos hechos fundamentales de esa época: la creación, en 1420, por parte de un príncipe portgués, Enrique el Navegante, de una escuela de navegación en cabo San Vicente. Y en 1453, la caída de Constantinopla en manos de los turcos produjo una interrupción de las corrientes comerciales hacia la India y el lejano oriente. Los turcos exigían tasas altas para Europa. Eso generó que los países del Atlántico decidieran redoblar sus intentos de buscar vías alternativas. Los portugueses, potenciados por Enrique el Navegante, rodearon África para llegar a la India, mientras los españoles apoyaron a Colón a viajar siempre hacia el oeste”, explicó el investigador sobre el contexto de la charla que dará esta tarde en el balneario.
Un segundo punto importante es analizar cuál era la actitud de los navegantes, su mentalidad, su cosmovisión y su manera de concebir la vida y la aventura de ir hacia lo desconocido.
Entonces existían muchos miedos y temores, de la tierra plana, de los monstruos y dragones de fuego. Pero al mismo tiempo, junto a los temores, conformando la otra mitad del cuadro, estaban las ambiciones de los hombres: buscaban además de las nuevas rutas comerciales, tesoros ocultos y leyendas fabulosas que creían interpretar, por ejemplo, de la Biblia.
500 años en Punta
Al no contar con fuentes fehacientes de archivo de la llegada de los europeos a estas tierras, se supone, a través de cronistas secundarios, que el navegante Juan Díaz de Solís llegó a una península que llamó Puerto de la Candelaria. Fue un 2 de febrero de 1516, es decir que el año que viene se cumplirán nada menos que 500 años del hecho. Ese es el día de la Virgen de la Candelaria y la península era Puna del Este.
“A pesar de haberlo buscado, no se conserva el diario de bitácora de Solís”, dice Varese.
Solís bajó a tierra con un sacerdote y un escribano, levantó un puño de tierra (¿sería arena?) y la hizo bendecir. Luego clavaron una cruz y tomaron posesión en nombre de los reinos de Castilla y Aragón, puesto que entonces no existía una España unificada.
Solís continuó en el ancho mar que llamó Dulce, creyendo que era un canal que lo conducía al Pacífico. En cambio, encontró la muerte a manos de indíganes. El mito dice que se lo comieron. “Pero también es polémico, porque las tribus que vivían en estas tierras no eran antropófagas”, apunta Varese.