El dramaturgo sueco August Strindberg (1849-1912) y el chileno Alejandro Jodorowsky (1929) operaron como fuente de inspiración del último estreno teatral que subirá a la cartelera montevideana antes de que llegue 2013.
El dramaturgo sueco August Strindberg (1849-1912) y el chileno Alejandro Jodorowsky (1929) operaron como fuente de inspiración del último estreno teatral que subirá a la cartelera montevideana antes de que llegue 2013.
Del otro lado del espejo de Bernardo Trías, que se verá desde mañana en el Museo de las Migraciones (MUMI), está inspirada por un lado en la obra El sueño (1901), en la que Strindberg narra la historia de una diosa que cae a la tierra y se encarna sucesivamente en una multitud de personajes, para asimilar sus debilidades, sufrimientos y ridículas ilusiones.
Por otro, en El sueño sin fin (2006), de Jodorowsky, que basada en esta última, muestra los problemas de una pareja misteriosa, de seres esenciales (uno masculino y otro femenino) que viven el sufrimiento humano para poder superarlo y liberarse de él.
Según adelantó Trías, la nueva pieza teatral no es una mera síntesis de ambos textos, sino una obra diferente en la línea argumental y estética, en donde la improvisación y el trabajo con los actores tuvo gran protagonismo.
La historia que surgió de ese proceso se centra en Pedro, un hombre que emprende un viaje a través de los contenidos de su inconsciente y lucha por escapar de un ego aterradoramente mortal, que le fue impuesto por su familia, su cultura y su sociedad.
El personaje se enfrenta en forma continua a la disyuntiva de atravesar o no la puerta de un enigmático armario, en el que se encuentran todas las respuestas esenciales del ser humano como qué es el amor, la libertad, o el tiempo.
Como en su anterior trabajo de dirección, Snorkel, Trías vuelve a preguntarse por la esencia del ser humano. Pero esta vez no lo hace desde la comedia, sino desde lo que define como un “drama metafísico”.
En su nueva puesta teatral no predomina una mirada pesimista del ser, sino una suerte de reflexión terapéutica. En este sentido, dice seguir la línea de trabajo de Jodorowsky o de las tragedias griegas, en el sentido de plantear un teatro que ayude al espectador a enfrentarse consigo mismo.
Así, su pieza teatral integra y revive los mitos del incesto, del héroe, del parricidio, de la muerte como nacimiento, de la iniciación y del pasaje a la vida adulta.“El mito tiene una función purificadora: representando contenidos del inconsciente que nos son prohibidos por la razón, exorciza los fantasmas, el lado oscuro del ser”, afirma.
El hecho de que todo el elenco tenga una formación artística en danza, no es casual. “Opté más por la sugestión que por las afirmaciones concretas y en esta línea su preferencia fueron los actores que pudieran asumir un intenso trabajo corporal o bien bailarines que fueran capaces de interpretar.
A nivel estético, su intención fue generar una atmósfera surrealista, y en esta búsqueda las viejas paredes de ladrillo del MUMI y las ruinas de la muralla de Montevideo le resultaron un entorno ideal.
En su obra, la lógica reinante será la irracionalidad propia de los sueños, en donde los saltos temporales y espaciales son moneda corriente y en donde los personajes pueden ser jóvenes en un momento y viejos al instante siguiente. En definitiva, es una obra en donde habrá mucho más lugar para el juego, la reflexión y la polisemia que para las moralejas.