Vino nuevo en odres viejos
Por Adolfo Garcé - Las expectativas y las probabilidades de lo que sucederá el domingo en las elecciones nacionales
Todos nos hacemos la misma pregunta. Al final de cuentas, ¿qué pasará el próximo domingo? Permítanme compartir con ustedes mis expectativas. No son deseos. Tampoco profecías. Es, apenas, lo que considero más probable. Me inclino a pensar que el domingo que viene se confirmarán las dos tendencias contrapuestas que vienen circulando en la sociedad uruguaya. Por un lado, ya sabemos que existe una fuerte demanda de renovación. Por el otro, creo que se dejará sentir, también, la demanda de continuidad. Parecen procesos opuestos. No lo son.
En el PN, la demanda de renovación se hizo sentir durante la elección de junio especialmente de un modo. La irrupción de lo nuevo se manifestó con claridad en la competencia por la candidatura presidencial: sorpresivamente, el diputado Luis Lacalle Pou se impuso sobre el experimentado senador Jorge Larrañaga. Pero la demanda de renovación se manifestó también en la excelente votación de Verónica Alonso dentro de Alianza Nacional y en el ascenso meteórico de la 404 (la lista de Lacalle Pou y Álvaro Delgado) que superó ampliamente a la 71 (la más tradicional del Herrerismo). Los resultados de junio anticipan los de octubre: es muy probable que, también en el caso del PN, se verifique una tasa significativa de renovación de la bancada parlamentaria.
La demanda de renovación circula ampliamente dentro de los partidos. Sin embargo, no tengo la expectativa de que existan cambios espectaculares en la votación entre partidos. Por el contrario, considero muy probable que la volatilidad electoral (el porcentaje de electores que cambian de partido entre una elección y otra) sea la menor desde la restauración de la democracia en 1985. El 1º de junio la ciudadanía se pronunció a favor de la renovación. Sospecho que el próximo 26 de octubre la ciudadanía votará por la continuidad. Las encuestas muestran que la intención de voto a cada uno de los partidos es similar a la de cinco años atrás. La principal diferencia es que el FA está un par de puntos por debajo del nivel de intención de voto de octubre de 2009.
No me asombraría que el domingo de noche, cuando aparezcan las proyecciones de escrutinio, tengamos que explicar cómo a pesar de las luces y sombras del gobierno de José Mujica el apoyo a los diferentes partidos cambió poco. Si esto terminara ocurriendo, la política uruguaya habría confirmado que sigue siendo extraordinariamente estable. Nuestros partidos habrán demostrado, una vez más, que saben cómo “fidelizar” a sus electores.
A veces, como en 2004, cuando el PC se desplomó, el comportamiento electoral de los ciudadanos experimenta cambios importantes. Pero este tipo de modificaciones es excepcional. El patrón habitual de cambio en Uruguay es una sofisticada combinación de continuidad y cambio. Barrán y Nahum, hace muchos años, parafraseando la sentencia bíblica, escribieron que nuestros partidos suelen llenar con “vino nuevo los odres viejos”.
Desarrollando esta idea, y evocando un viejo concepto muy empleado por David Easton y los enfoques sistémicos, Gerardo Caetano y José Rilla, hace casi tres décadas, decían que para entender la permanencia de los partidos uruguayos (se referían a los partidos tradicionales) era, precisamente, su capacidad para cambiar: “Permanencia con cambio y mediante el cambio”, sintetizaban, citando a Easton (1). Me pregunto si no tendremos que tener en cuenta esta vieja lección a la hora de interpretar los resultados del próximo domingo.
Garcé es Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Udelar.
1 - Gerardo Caetano y José Pedro Rilla. “El sistema de partidos: raíces y permanencias”; en Gerardo Caetano, José Pedro Rilla, Pablo Mieres y Carlos Zubillaga, De la tradición a la crisis, Claeh-EBO, Montevideo, 1985