Ayer, 11 de febrero, pero hace cinco años, dimitía el presidente yemení Ali Abdalé Saleh tras semanas de protestas y en el contexto de las otras renuncian de mandatarios que se dieron por esa época en naciones de la región, en lo que se conoció como la Primavera Árabe. Un lustro después, el país continúa en una sangrienta guerra civil que dejó miles de muertos y más de dos millones de desplazados internos.
Yemen se desangra a cinco años de su revolución frustrada
El país derrocó a su dictador pero se mantiene en inestabilidad política
