Una pregunta simple con una respuesta incómoda ¿El crimen afecta la actividad económica local? La pregunta es clara, pero responderla con rigor es difícil ya que el crimen y los negocios se influyen mutuamente, y separar causa de consecuencia exige un diseño empírico cuidadoso. Más comercio en un barrio puede atraer más delito, y más delito puede alejar comercios. Sin una estrategia que permita aislar la dirección causal, cualquier correlación resulta ambigua.
En un trabajo reciente, “Crimen y emprendimiento en Uruguay”, que realizamos junto a Santiago Acerenza, Marcos Segantini y Federico Veneri, abordamos este problema combinando registros administrativos de empresas con datos de delitos a nivel de seccional policial. Para asegurarnos de que el efecto identificado es realmente causal y no una simple coincidencia, usamos dos estrategias complementarias. La primera permite aprovechar las variaciones en los distintos tipos de delito, tanto entre seccionales como a nivel nacional, para identificar su efecto sobre la creación de empresas. La segunda se apoya en la instalación progresiva de cámaras de vigilancia en distintos barrios, que funciona como una especie de experimento natural.
Hay que priorizar
El Estado tiene recursos limitados, y no puede combatir todos los delitos con la misma intensidad al mismo tiempo. Por eso, saber qué tipo de crimen reducir primero no es solo una decisión técnica: es una decisión que determina si la política de seguridad también termina beneficiando la economía. El hallazgo central de este estudio desafía la idea de tratar "la inseguridad" como un bloque homogéneo. Por ejemplo, el crimen agregado (todos los delitos juntos) no muestran un efecto estadísticamente significativo sobre el nacimiento ni el cierre de empresas. El crimen violento (homicidios, heridas de bala, lesiones, rapiñas, secuestros y violencia doméstica), en cambio, sí lo hace. Es decir, allí donde aumenta la violencia, la tasa de creación de nuevas firmas cae de forma clara y sostenida. La distinción no es un matiz técnico menor, es una guía concreta para asignar recursos escasos. Implica que hablar de "más delito" como si fuera una sola cosa puede llevar a diagnósticos y políticas equivocadas. Reducir los hurtos o las estafas no necesariamente va a destrabar la apertura de nuevos negocios si la violencia se mantiene. En cambio, concentrar esfuerzos en bajar los delitos más graves parece ser, al mismo tiempo, la forma más eficaz de proteger vidas y de generar condiciones económicas más favorables
El crimen violento no acelera el cierre de negocios que ya existen, lo que hace es desalentar la apertura de negocios nuevos. El emprendedor que está evaluando si abrir un local en una zona insegura, calcula el riesgo antes de dar el paso y muchas veces decide no darlo. Es una lógica consistente con la literatura internacional, la violencia genera miedo e incertidumbre, dos ingredientes que pesan mucho más en la decisión de arrancar algo nuevo que en la de sostener algo que ya funciona. El resultado también implica algo menos visible pero igual de relevante, los barrios más golpeados por la violencia no solo pierden seguridad, pierden dinamismo económico futuro.
Por qué importa para la política pública
El emprendimiento genera cerca de una cuarta parte del empleo nuevo en Uruguay, así que un freno a la apertura de negocios no es un dato académico abstracto, es empleo que no se crea, ingresos que no se generan y dinamismo económico que no llega a barrios que ya vienen golpeados por otros problemas. El estudio sugiere que las políticas de seguridad dirigidas específicamente a reducir la violencia, y no estrategias genéricas contra "el delito" en general, tienen un rédito económico más claro y medible. Esto conecta con una idea más amplia que atraviesa buena parte del debate sobre seguridad: no toda inseguridad es igual, y diseñar política pública sin esa distinción corre el riesgo de gastar recursos donde el beneficio social y económico es menor.
El estudio no mide el drama humano detrás de cada estadística, pero lo sugiere entre líneas. Un negocio que no llega a abrir no genera titulares ni indignación, a diferencia de un homicidio o una rapiña. Es una pérdida silenciosa, pero acumulativa. Barrio tras barrio y año tras año, la violencia no solo cobra vidas, sino también oportunidades que nunca llegan a materializarse.