La mayoría absoluta de los uruguayos y uruguayas consideramos que la democracia es el mejor sistema conocido para nuestra convivencia. Las democracias fuertes son la de partidos políticos fuertes, donde las oposiciones se pueden expresar en libertad, en donde organizarse no es un pecado, es un derecho y una fortaleza. La fortaleza uruguaya surge a partir de una central única, de estudiantes unidos, de miles de organizaciones sociales que defienden sus derechos. Es imprescindible también la libertad de expresión. Por muchos de estos y otros aspectos Uruguay es el país con mayor fortaleza democrática.

Sin embargo, empieza a surgir evidencia de que los apoyos vienen cayendo y, de esta situación, deberíamos preocuparnos todos los partidos políticos. Deberíamos preocuparnos porque estamos transitando un cambio de época y en ese cambio puede haber intenciones de debilitar la democracia, de poner en duda a todos y todas los que hacemos política, porque la gente se cansó de peleas entre políticos, porque ya no se recuerda que una tarea fundamental de la política es cambiarle la vida a la gente. Como decía el compañero Danilo Astori, hacer política es la mejor herramienta para cambiarle la vida a la gente. Esta observación nos debería llevar a debatir entre partidos el financiamiento de los mismos, los controles de los partidos, la Corte Electoral, el Tribunal de Cuentas, la Junta de Transparencia y Ética Pública. Intentar, de todas maneras, tener trazabilidad de los aportes de privados que entran en campaña.

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También este diálogo podría resolver el voto en el exterior de los uruguayos y uruguayas. Es imposible creer que quién viva en el exterior pierde el derecho a votar, simplemente tiene que presentarse en su circuito electoral en Uruguay. Todavía no hemos avanzado en que la credencial cívica se le pueda entregar en el consulado del país en el que vive. En este mismo momento hemos visto a los brasileños que viven en Uruguay definir en la elección, como lo pudimos ver en la elección de Perú y en gran cantidad de países de América Latina.

Generar derechos y esperanzas sigue siendo lo que la gente espera de la política. Como muy bien reflexiona Frei Betto: “Encaro el futuro a largo plazo. Sé que no participaré de la cosecha, pero me empeño en morir semilla”.

No creo en discursos ni deposito mi esperanza en el paracaídas de algún avatar que promete la salvación a corto plazo. Exijo programas y proyectos, y juzgo a sus impulsores bajo criterios rigurosos. Procuro conocer su trayectoria pasada, su compromiso con los movimientos sociales, su ética y sus valores. Sé que el futuro será lo que hagamos en el presente. No espero milagros. Me remango la camisa, convencido de que «quien sabe, crea el momento; no espera a que las cosas sucedan». Tal vez en esta reflexión está nuestro futuro en juego, como muchos lo han dicho, incluido Betto, sigue siendo la esperanza el camino de construir democracias, donde construir igualdades sean herramientas de superación colectiva.

Los partidos tenemos mucho por hacer, en primer lugar, siempre democratizarnos. Nosotros en este año hemos visitado con senadores, senadoras, diputados, diputadas, ministros, ministras, dirigentes partidarios y dirigentes de las bases todo el país para escuchar, intercambiar y recibir propuestas. Es muy enriquecedor, y necesario, estar cerca de la gente para tomar decisiones adecuadas.

Hemos convocado a un Congreso del Frente Amplio, que entre titulares, suplentes e invitados superó los 3000 integrantes de nuestra fuerza política. Aprobamos por unanimidad el documento de Congreso. Un documento al que se le hicieron más de 150 modificaciones y agregados, claramente un congreso con vida, con articulación, con el cuidado de la unidad estratégica.

En nuestro país hay dos proyectos políticos: el conservador y el progresista. Nosotros representamos el progresismo, pero respetamos a quienes pensando de otra manera han hecho contribuciones muy importantes para el país, porque sobre todo son institucionalidad. Proteger los valores democráticos exige un debate de ideas, pero también exige tener una mirada exigente sobre nuestro funcionamiento.

Estamos transitando el periodo más largo de democracia estable, y tenemos que poder construir la esperanza democrática para los uruguayos y las uruguayas.

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