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Cuando tu enemigo se está equivocando no lo interrumpas, dice un viejo axioma que generalmente se aplica a la política. Pues bien, la oposición uruguaya, o buena parte de ella, parece dispuesta a interrumpir con griteríos varios ante cada desacierto del gobierno, no importa su tamaño, permitiendo que el Frente Amplio se abroquele y la acuse de buscar sangre desesperadamente.

Esto fue lo que ocurrió ante una nueva desprolijidad, descuido, olvido o como se llame –el costo político es lo único seguro- cometido por el presidente Yamandú Orsi revelado tras un informe de Radio Carve, que dio cuenta de que mandatario mantenía una deuda de $ 5.509 por no haber pagado el Impuesto de Primaria y que había omitido regularizar ante Catastro las obras que hizo entre 2018 y 2019 en el patio de una de sus casas. Lo de Orsi es difícil de defender. Si bien es verdad que se parece menos a un acto deshonesto que a una irregularidad, no es menos cierto que el presidente de la República no puede exigirle a los uruguayos que paguen sus impuestos regularmente cuando el mismo no lo hace.

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Pero el episodio reactivó instantáneamente los reflejos más predecibles del sistema político uruguayo. De un lado, una oposición que olió sangre y salió en bloque a disparar con artillería pesada; del otro, un Frente Amplio que activó su escudo protector clásico, catalogando el asunto como “una tormenta en un vaso de agua” y denunciado operaciones en su contra.

Y en política la prisa por capitalizar el error ajeno puede esconder una trampa táctica.

La filtración de los atrasos fiscales del mandatario generó una ola de indignación en la oposición en donde se destacaron las críticas, principalmente, de referentes blancos como el presidente del directorio nacionalista, Álvaro Delgado, y los legisladores Javier García y Sebastián Da Silva (Espacio 40) y Juan Martín Rodríguez (Herrerismo).

“Es un hecho bochornoso. (…) Me da mucha vergüenza. Estamos viendo una situación bien compleja del peor gobierno del 85 para acá”, dijo Delgado.

“VERGÜENZA”, tuitió con mayúscula el diputado Rodríguez.

Por su parte, desde el Partido Colorado, Andrés Ojeda, llevó el tema al CEN del partido y exigió explicaciones al presidente.

Otra parte de la oposición eligió el camino de un silencio que parece más sensato. Por allí transitaron por ejemplo, el senador colorado Pedro Bordaberry y su par nacionalista Martín Lema.

el episodio reactivó instantáneamente los reflejos más predecibles del sistema político uruguayo. De un lado, una oposición que olió sangre y salió en bloque a disparar con artillería pesada; del otro, un Frente Amplio que activó su escudo protector clásico, el episodio reactivó instantáneamente los reflejos más predecibles del sistema político uruguayo. De un lado, una oposición que olió sangre y salió en bloque a disparar con artillería pesada; del otro, un Frente Amplio que activó su escudo protector clásico,

“No se entiende este mundo en el que los políticos no pagan cuentas de 5000 pesos y en que los políticos piden cuentas por no pagar 5000 pesos”, dijo un allegado al líder de Vamos Uruguay.

Por su lado, el intendente nacionalista de Paysandú, Nicolás Olivera, observó: “tiene que haber una dosimetría sensata porque no podemos levantar el tono de la misma manera si no cumple con bajar la pobreza infantil a si se olvidó de pagar una cuota del impuesto de Primaria. No podemos poner todo en la escala de lo más grave. Si no, se deslegitima la oposición”.

Porque el problema de la respuesta furiosa, de la sobreactuación opositora, es que le simplifica el escenario al Frente Amplio.

Cuando la oposición califica una falta administrativa como un síntoma de que estamos ante “peor gobierno desde el 85", se cruza la frontera de la proporcionalidad.

Ese exceso de revoluciones le permite al oficialismo desviar el foco del problema de fondo, que no es otro que el de los permanentes traspiés presidenciales y la falta de eficacia en el gobierno, y le da paño para hablar de campañas sucias y operaciones en su contra.

Bajo la lógica de la autodefensa, el Frente Amplio clausura la autocrítica y ensaya explicaciones que, ante el volumen que se le dio al asunto, parecen de sentido común por más que no lo sean. “Si seguimos a este nivel, en cualquier momento vamos a empezar a denunciar que algún dirigente se atrasó un día en el pago de la UTE. Uno a veces se olvida de pagar alguna cuenta y lo termina pagando con recargo”, dijo el prosecretario de presidencia, Jorge Díaz, y de paso advirtió acerca de una “especie de caza de brujas”.

Por su lado, presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, recordó que un día le cortaron el agua porque se olvidó de pagarle a la OSE y el senador Daniel Caggiani dijo que algunos integrantes de la oposición “están rabiosos contra todo lo que le pasa al gobierno y al presidente de la República”.

“Está claro que hay gente que lo único que le importa es destruir a Orsi”, completó el senador Anibal Pereyra.

Y, obviamente, buena parte del oficialismo se dedicó a recordar irregularidades cometidas durante el gobierno de Luis Lacalle Pou. El ya conocido “yo soy malo pero vos sos peor”.

En esta oportunidad, como en otras, buena parte de la Coalición Republicana se olvidó de mirar desde el balcón sin necesidad de bajar a la vereda para armar gresca.

En esos casos, balconear no significa indiferencia sino permitir que los votantes procesen los datos de lo ocurrido sin necesidad de que le anden gritando al oído.

De haberlo hecho, el Frente Amplio se hubiera quedado sin su enemigo predilecto, la “derecha”, y se habría visto obligado a explicar el incómodo episodio sin hacerse la víctima y sin poder reprocharle nada a nadie más que a su compañero presidente.

Una vez más, la furia opositora permitió que el debate encallara en el terreno meramente identitario en donde uno se defiende por el mero hecho de que de la verada de enfrente lo atacan.

En lugar de una ciudadanía observando las deudas de Orsi, el país asiste a un nuevo capítulo de la clásica riña entre bloques. Pero más allá de este episodio importa saber si la oposición seguirá en la misma tesitura, yendo a cada pelota como si fuera la última sin medir si se lastima en el choque.

Porque cada vez que se mete en el barro, la reacción más sensata, es cerrar el tema y dar vuelta la página.

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