Un reciente y valioso estudio del Grupo Banco Mundial, titulado “Donde los caminos se bifurcan. Transformando la educación secundaria en América Latina y el Caribe”, elaborado por Carolina López, María Andreina Cantele, Francisco Haimovich y Emmanuel Vázquez, argumenta en favor de un cambio educativo enfocado en revertir un estado de situación regional deficitario en cuanto a lograr altos niveles de equidad y calidad de la educación y de los aprendizajes. Veamos algunas de las anotaciones e implicancias del resumen ejecutivo del estudio (https://documents1.worldbank.org/curated/en/099822309012642748/pdf/IDU-cc68d03a-03fc-4cf3-bbb8-d8ea140e6806.pdf ).

En primer lugar, el estudio llama nuevamente a tomar conciencia acerca de la situación crítica de la educación en la región y a la necesidad de priorizarla en el núcleo de las políticas públicas. El estudio aporta evidencia contundente y clara sobre la fragilidad y vulnerabilidad de la región de cara a formar a las nuevas generaciones para sociedades más democráticas, inclusivas, cohesionadas y sostenibles en su desarrollo. Entre otros aspectos del diagnóstico, destacamos:

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Como se señala en el estudio, es cuestión de asumir que se requiere de un cambio integral que a la vez de ser unitario y potente, ponga el foco en prioridades claramente delineadas y realizables. Nos parece necesario reafirmar que el cambio tendría que anclarse en los propósitos últimos de la educación. Esto supondría poner el foco en formar seres libres, pensantes, proactivos, solidarios y cooperantes que les permita gozar y hacerse responsable de su autonomía de pensamiento y acción en favor de su desarrollo como persona y del bien común de la sociedad.

El cambio requiere ser concebido en función de concepciones de sociedad, comunidad y persona que se refuerzan mutuamente y coadyuvan a la espiritualidad, el progreso y el desarrollo individual y colectivo. No hay cambio educativo deseable y posible desprendido de imaginarios de sociedad discutidos y acordados por diversidad de actores e instituciones, y pivoteado en democracia por el sistema político.

En segundo lugar, el documento pone foco en la educación secundaria bajo el entendido que es “para la mayoría de los jóvenes, es la etapa final de la educación formal y la principal plataforma desde la cual se incorporan al mundo laboral, continúan sus estudios y atraviesan la transición a la edad adulta”. Coincidimos con esta apreciación, y más aún, entendemos que lo que se está poniendo en la mesa de discusión es el sentido y la razón de ser y hacer de la educación secundaria.

No nos referimos a una discusión, ya de larga data, sobre si la educación secundaria es un trampolín para estudios terciarios, principalmente universitarios, o si cobra sentido en sí misma como etapa vertebradora que consolida una formación universal obligatoria. Bajo el entendido que cada ciclo educativo tiene un sentido propio - sin menoscabar su funcionalidad para los subsiguientes, su rol en los dos tramos de educación media básica y superior - tres años respectivamente de escolaridad, yace en formar parte de una educación universal y comprehensiva que empieza en la educación inicial.

Una de las mayores barreras para avanzar en una visión unitaria y coherente de los aprendizajes que allane el camino hacia logros de aprendizajes relevantes y sostenibles, yace en las desconexiones institucionales, curriculares, pedagógicas y docentes entre la educación inicial, primaria y media. El hecho de enfatizar la educación secundaria, donde se condensan y se acentúan las deficiencias en los aprendizajes, tiene que ser acompañado de repensar el modus de gobernanza y gestión de los sistemas educativos en su globalidad como espacios facilitadores de enseñanzas y aprendizajes con alcance efectivamente universal. Las respuestas frente al desafío de universalizar aprendizajes de calidad para todos las y los estudiantes por igual no pueden ser propios de un nivel educativo sino surgen de diálogos, construcciones y responsabilidades colectivas asumidas por los niveles educativos en su conjunto, y bajo visiones y prácticas compartidas.

En tercer lugar, el documento argumenta acerca de la conveniencia de actuar unitariamente sobre tres desafíos concatenados y mutuamente reforzantes que van en la línea de profundizar en una visión integral y articulada de cambio educativo. Se trata de forjar círculos virtuosos entre fortalecer la permanencia, lograr desarrollar aprendizajes fundacionales – enfocados primariamente en lectura y matemáticas - y completar los ciclos educativos.

El primer desafío tiene que ver con asegurar la permanencia de las y los estudiantes asumiendo que se trata de actuar preventivamente frente a potenciales y reales riesgos que salgan del sistema educativo. El documento se refiere a deserción cuando quizás sea más incisivo y justo, argumentar que las y los estudiantes pueden ser expulsados por la mala praxis del sistema educativo. Precisamente el documento menciona el desinterés del estudiante que bien puede entenderse como un factor desencadenante de la expulsión, y que refleja la debilidad de sentido de la educación para el joven.

El segundo desafío pone la mirada en los aprendizajes fundacionales y en particular, en la enseñanza de “las competencias esenciales que los estudiantes necesitan para seguir avanzando”. Si bien la noción de aprendizajes fundacionales se ha ido ampliando con el tiempo, incluyendo la alfabetización ciudadana, digital y en humanidades, su foco yace primariamente en la compresión lectora, la producción oral y escrita, las matemáticas y las ciencias.

El estudio se orienta en tal sentido y bajo la premisa, que sin los aprendizajes en lecto-escritura y matemáticas, ninguna otra competencia puede desarrollarse sobre bases firmes y sostenibles. Se entiende por competencia la voluntad del estudiante de movilizar sus valores, actitudes, emociones, conocimientos y habilidades para responder a desafíos individuales y colectivos.

El tercer desafío alude a completar los estudios de educación secundaria y que propendan a estimular el desarrollo de trayectorias educativas “que conecten la escuela con estudios superiores, el trabajo y opciones reales”. Se trata de avanzar hacia una educación secundaria con múltiples ofertas y espacios de aprendizaje que a la vez de responder a la diversidad de expectativas y necesidades de aprendizaje de las y los estudiantes, faciliten el acceso a los estudios terciarios.

En cuarto lugar, el estudio mapea las principales barreras de una educación secundaria inconclusa en cuanto a democratizar oportunidades, procesos y resultados de aprendizaje. Dichas barreras resultan de la interacción entre factores endógenos y exógenos al centro educativo.

Una primera barrera alude a que las y los estudiantes ingresan a la educación con rezago en la adquisición de los aprendizajes fundacionales. En la línea de lo que arguye el documento, difícilmente un estudiante puede responder competentemente a los desafíos que el currículo de educación secundaria le puede plantear, si acarrea “dificultades para comprender un texto o manejar conceptos matemáticas básicos”. La distancia entre lo que el currículo aspira a lograr, y las habilidades que tiene el estudiante, puede generar un combo perverso entre “una enseñanza superficial, docentes frustrados y estudiantes cada vez más desconectados”.

Frente a este panorama, el documento sugiere la recuperación de los aprendizajes, que no se agota en una estrategia compensatoria de corto plazo, sino se entiende como parte del cerno la educación secundaria y complemento de los aprendizajes propios de ese nivel. Ciertamente esta propuesta implicaría repensar las maneras de secuenciar y graduar el desarrollo de competencias y conocimientos a lo largo de la educación primaria y secundaria bajo una visión unitaria.

La segunda barrera pone el acento en la persona estudiante como adolescente y joven, y en particular, en su motivación y responsabilidad con el aprendizaje, en su capacidad de atención y críticamente en su salud mental. La debilidad de los lazos personales y de cercanía con el centro educativo, así como de empatía intergeneracional, pueden llevar a una desvinculación y a un círculo vicioso de inasistencias, magros desempeños e incompletitud de los estudios. Una visión interdisciplinar y aún más transdisciplinar de las culturas de la adolescencia y juventud puede ayudar a profundizar en el entendimiento y la cercanía intergeneracional.

La tercera barrera pone en el tapete que los escuelas y más globalmente el sistema educativo no están preparados para responder competentemente al universo de expectativas y necesidades de aprendizaje de adolescentes y jóvenes. Alternativamente a poner la carga e inclusive la supuesta “culpa” en problemas atinentes al compromiso de las y los docentes y a la capacidad de coordinación de las y los directores de los centros educativos, el documento resalta dos efectos negativos: (i) currículos sobrecargados de contenidos – diríamos también congestionados, y poco digeribles para educadores y estudiantes; y (ii) programas de materias o asignaturas descoordinados entre sí. También se menciona que la desigual distribución de infraestructura y recursos educativos penaliza a las comunidades más vulnerables.

En quinto y último lugar, el documento argumenta en torno a cuatro pilares interconectados que contribuyen al cambio integral. El primero de los pilares refiere “al apoyo focalizado para los estudiantes” que consiste en fortalecer las sinergias entre las apoyaturas académicas y no académicas. Alternativamente a acumular políticas y programas que no conectan las dimensiones sociales y pedagógicas, se trata de poner el foco en las aulas y en como se integran, por ejemplo, la mentoría y el apoyo personalizado al estudiante con abordar temas tales como el acoso escolar, las dificultades o las dudas sobre el sentido de la escuela.

El segundo de los pilares pone en el tapete la perentoriedad de repensar el currículo – centrado en el para qué y qué de la educación y de los aprendizajes, y su hermanamiento con la pedagogía – el cómo hacerlo, orientado a formar en las alfabetizaciones fundamentales así como fortalecer la comprensión en la enseñanza de las disciplinas y estimular la resolución de problemas. Por otra parte, el documento cuestiona una supuesta relación entre mas tiempo pedagógico y mejores aprendizajes, y coloca el desafío en implementar propuestas que hagan un uso direccionado y sustantivo del tiempo alineado al desarrollo y logro de aprendizajes.

Por otra parte, el documento argumenta en torno a una educación media comprehensiva y con base en un núcleo de formación común a los diversos trayectos de educación secundaria, técnico-profesional y vocacional. La navegabilidad entre los trayectos así como que los mismos permitan cursar estudios terciarios, van en la línea de una educación más amplia y democrática en oportunidades de formación. Se trata de un paso relevante en avanzar hacia una educación de la adolescencia y la juventud.

El tercero de los pilares alude a fortalecer las capacidades de implementación en varias dimensiones complementarias, a saber, jerarquizar la profesión y el desarrollo profesional docente y el apuntalamiento de la gestión de los centros educativos sostenidas por un liderazgo directivo con capacidad de anticipación e intervención frente a los desafíos de la gestión institucional y pedagógica. La implementación es vista como la articulación entre diversas dimensiones alineadas a apoyar el aula y los aprendizajes.

El cuarto de los pilares se centra en los aspectos atinentes al financiamiento, la rendición de cuentas y la implementación. La estimación de cuanto esfuerzo cuesta poner en marcha un cambio de la envergadura del planteado, con base en un conjunto acotado de metas claras y medibles, es condición sine qua non para movilizar y comprometer voluntad política y recursos para su consecución. Por otra parte, se requiere reforzar la visión de la educación como política comunitaria y de familias, y estimular su participación activa en “impulsar mejoras y exigir resultados a las escuelas y a las autoridades educativas”.

Asimismo, el informe alude a que las capacidades para implementar cambios se fortalecen cuando los sistemas educativos generan espacios y oportunidades para aprender de las escuelas que logran avanzar en diversidad de contextos. También implica identificar prácticas que puedan ser difundidas entre escuelas para su eventual adopción y contextualización.

En síntesis, el estudio realizado por el Grupo Mundial plantea una agenda de cambio integral, clara y sustantiva, que pone el foco en los aprendizajes fundacionales – lectura y matemáticas - que ciertamente son la base no solo de otros aprendizajes sino el cimiento de formar estudiantes libres y pensantes. La propuesta de cambio, que podría ser más aspiracional e incluir a la educación primaria y secundaria bajo una visión y un rutero compartido y apropiado, implicaría cuatro aspectos interrelacionados. Estos son: (i) integrar los apoyos al estudiante orientados a fortalecer los aprendizajes fundacionales; (ii) conectar el para qué y en qué se educa con el cómo hacerlo a través de una educación media unitaria y con diversidad de trayectos; (iii) desarrollar las capacidades de liderazgo directivo y docente de los centros educativos como eje vertebrador de la implementación; y (iv) alinear el financiamiento requerido, y la rendición de cuentas, al logro de metas de aprendizaje medibles en los tiempos establecidos para su concreción.

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