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Tenemos un sistema inmune inteligente que responde rápidamente a patógenos, infecciones y diversos agentes que ponen en riesgo al organismo. La inflamación es una respuesta de protección y curación. Sin embargo, cuando permanece en el tiempo, es nociva y predispone a múltiples trastornos y enfermedades. En el 2020, David Furman y su equipo publicaron en PubMed un valioso estudio titulado: “Chronic inflammation in the etiology of disease across the life span”. Los autores exponen hallazgos concluyentes acerca de las implicancias de la inflamación crónica, aún cuando es de bajo grado.

Nuestro sistema inmune acciona rápido para protegernos, a través del sistema inmune innato. Esta respuesta protectora es rápida e inespecífica, por lo que puede atacar más allá del agente que la provocó. Con el pasar de los días, nuestro cuerpo activa el sistema inmune adquirido que tiene una respuesta específica. ¿Cómo lo hace? A través del aprendizaje. El cuerpo aprende, el sistema inmune aprende y genera anticuerpos, además de memorias que protegerán o evitarán futuros patógenos.

¿Pero qué sucede cuando la inflamación persiste?

Se genera la temida inflamación crónica sistémica que puede derivar en diversas enfermedades: diabetes mellitus, problemas cardiovasculares, accidentes cerebro vasculares, enfermedades autoinmunes, TDAH, depresión, trastorno bipolar, cefaleas, niebla mental, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, hígado graso no alcohólico, hipertensión, artritis reumatoide, sarcopenia, osteoporosis, reducción de la libido, trastornos de alimentación, diversos tipos de cáncer, alergias, asma, infecciones diversas, alteraciones mentales, abortos, alzhéimer, Parkinson, celiaquía, problemas de tiroides, cansancio crónico, cefaleas persistentes, candidiasis, problemas de la piel, alteraciones gastro intestinales, estrés psicológico, entre otros. La lista es enorme como trastornos y enfermedades no transmisibles.

Las alteraciones son de tipo neurodegenerativas, neuroendocrinas, metabólicas, físicas y mentales en general. La inflamación crónica puede alcanzar los diversos órganos y sistemas del organismo. Cuando la inflamación es crónica, el sistema inmune se cansa y da lugar a respuestas ineficientes aun atacando el propio organismo como sucede con las enfermedades autoinmunes.

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¿Cómo se detecta la inflamación? A través del dolor, tumor, pérdida de funciones, entre otros. ¿Qué sucede con la inflamación crónica? Justamente los autores del citado artículo científico aluden a lo peligroso de la inflamación crónica y sistémica, la cual no es simple de diagnosticar. Agregan que es justamente en el silencio sintomático que está lo más peligroso, es la base de un sinfín de problemas que tienen que ver con todos los sistemas y órganos que incluye el cerebro y la mente.

El reconocido neurólogo David Perlmutter afirma que “el núcleo de casi cualquier trastorno y enfermedad es la inflamación”.

Es demasiado frecuente escuchar que alguien padece tal o cual trastorno o enfermedad debido a su genética. La investigación es contundente en que el ADN está presente en un menor porcentaje que el ambiente. Podemos encender o apagar nuestros genes según cómo vivimos. Los científicos afirman contundentemente que los factores hereditarios son los que menos contribuyen a la inflamación crónica.

¿Qué factores contribuyen a la inflamación?

Son diversos y son más presentes en los países industrializados con estilo de vida occidental. Entre los factores más comunes se encuentran los alimentos procesados, refinados, edulcorados, con colorantes y aditivos; la falta de ejercicio regular, exposición a contaminantes y tóxicos ambientales, estrés psicológico, entre otros.

¿Siempre es evidente la inflamación?

No siempre. En ocasiones aún cuando hay síntomas evidentes, no son adjudicados a procesos inflamatorios. Existen marcadores que sirven como diagnóstico, como ser la Proteína C Reactiva. Si bien disponemos de otros biomarcadores actualmente que orientan para el diagnóstico de la inflamación crónica, los autores alertan sobre la necesidad de profundizar nuevas formas de diagnosticar que sean más eficientes.

¿Qué sucede cuando no hay síntomas?

Es la situación más preocupante porque estamos ante un enemigo silencioso. Por ejemplo en el cerebro, es probable enterarnos tardíamente de la inflamación y por lo general, cuando aparecen diagnósticos de deterioro o demencia son prácticamente irreversibles.

¿Se puede dar marcha atrás a procesos inflamatorios conocidos o no diagnosticados aún?

Claro que sí. La ciencia nos da evidencias que en unas pocas semanas podemos revertir estados inflamatorios. Para lo cual es importante considerar nuestros hábitos diarios.

¿Qué hábitos promueven la salud, evitan o mejoran los estados inflamatorios?

La evidencia científica y la realidad son evidencias de la necesidad de hacernos cargo de la propia salud. La inflamación es reversible y los hábitos de vida son la clave para vivir una vida saludable mental y física, incluido el cerebro.

Por eso te invito, si aún no te embarcaste en vivir con hábitos saludables, a comenzar. Si ya estás en camino, podés profundizarlo y recordá que las transformaciones son paso a paso. Decía San Francisco de Asís: "Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible."

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