La noticia deportiva del día esta vez viene del tenis, más precisamente del All England Tennis Club, sede del torneo de Wimbledon: Francisco Comesaña, un joven jugador argentino ubicado en la 122° posición del ranking mundial, debutante en torneos de Grand Slam y con apenas tres torneos ATP en sus espaldas, derrotó sorpresivamente al sexto preclasificado, el ruso Andrey Rublev, por un marcador de 6-4, 5-7, 6-2 y 7-6 y avanzó a la segunda ronda en poco menos de tres horas de partido.
Embed - ¡HISTÓRICO TRIUNFO DE COMESAÑA ANTE RUBLEV EN SU DEBUT EN WIMBLEDON! | RESUMEN
Wimbledon, el torneo de tenis más antiguo y prestigioso del mundo, ha sido tradicionalmente un desafío para los tenistas argentinos. Guillermo Vilas, la mejor raqueta masculina local de la historia, supo descollar en las superficies lentas (fue campeón en Roland Garros y en el US Open, cuando éste se jugaba en arcilla). Su estilo de juego, basado en largos peloteos y un físico imponente, era el más adecuado para este tipo de canchas.
Así y todo, Vilas llegó a ganar el Abierto de Australia en 1978 y 1979 en canchas de césped, y fue en este mismo país y en esa misma superficie en donde se consagró en el Masters de 1974. Sin embargo, pese a estos éxitos en canchas rápidas y a su portentosa carrera, siempre que se trató de Wimbledon la suerte le fue esquiva: sólo pudo alcanzar los cuartos de final en 1975 y 1976. De ahí seguramente su famosa humorada acerca de esta superficie tan distintiva de la tradición del tenis británico: “el pasto es para las vacas".
Por el lado de las mujeres, la historia no fue muy distinta. Gabriela Sabatini fue una jugadora exquisita y talentosa, capaz de destacarse en todo tipo de superficies. Conquistó el Abierto de Estados Unidos y también el Masters en canchas rápidas, pero en el césped de Wimbledon se quedó a un paso de la gloria: Steffi Graf, su gran verduga dentro de los courts y gran amiga fuera de ellos, la derrotó en la final de 1991.
No debemos olvidar que hubo otra finalista argentina en Wimbledon, pero en la modalidad de dobles: Paola Suárez conformó junto a la española Virginia Ruano Pascual una temible dupla que llegó al número 1 del ranking y se mantuvo en el primer nivel por varios años, pero tampoco ellas pudieron coronarse en el All England: perdieron las finales de 2001 y 2004.
Frente a semejante panorama de dificultades en un torneo, resultó entonces toda una sorpresa la irrupción en el circuito de David Nalbandian, un jugador no muy conocido que, para sorpresa del gran público, llegó a la final de Wimbledon en 2002 con un tenis tan vistoso como demoledor. Pero la “maldición” albiceleste pudo más y el australiano Lleyton Hewitt, por entonces un tenista consolidado y número 1 del ranking en las temporadas 2001 y 2002, derrotó al juvenil “Rey David” sin atenuantes.
Otros grandes tenistas argentinos lucharon y no pudieron con Wimbledon. José Luis Clerc, un contemporáneo de Vilas, alcanzó la cuarta ronda en 1981 y 1982, los años en los que mostró su mejor tenis y llegó a ser top 10 en el ranking mundial. Guillermo Coria, maestro de las superficies lentas (desde luego que su final perdida ante Gastón Gaudio es toda una historia aparte), nunca pudo adaptarse a la velocidad del pasto: apenas si llegó a la cuarta ronda en 2005.
Sin copa, pero con bronce
Juan Martín del Potro, finalmente, campeón él también del US Open y líder del equipo argentino que logró conquistar la tan ansiada como demorada Copa Davis, no logró alcanzar la gloria máxima en el All England, pero de todos modos tuvo allí una alegría para nada menor: en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, ganó la medalla de bronce (la primera medalla olímpica para el tenis argentino) al superar al serbio Novak Djokovic en un partido inolvidable. Al margen de este logro, en la competencia regular pudo llegar a las semifinales de Wimbledon en 2013.
El césped de Wimbledon es conocido por su rapidez y baja altura de pique, características que tradicionalmente han favorecido a jugadores de saque y volea. Para los tenistas argentinos, acostumbrados en general al polvo de ladrillo, adaptarse a estas condiciones ha sido un proceso complejo. Así las cosas, mientras esperamos que una nueva camada de tenistas argentinos logre consolidarse en el circuito, logre ganar en torneos más importantes y empiece a pelear por las posiciones de privilegio en el ranking, bienvenida sea esta sorpresiva victoria de Comesaña, que nos devuelve un hilo de esperanza para que alguna vez algún argentino pueda romper quizás la última maldición que pesa sobre la historia nacional de este deporte.