El Tesoro Nacional concretó la primera licitación de julio con un resultado que superó ampliamente las expectativas: un rollover de 183,1%, muy por encima del 100% que necesitaba para cubrir los vencimientos del mes. Pero el dato saliente no fue el roll over en pesos, sino el debut de un nuevo instrumento en dólares: el AO29, el tercer bono hard-dollar bajo ley local que emite el Gobierno en lo que va de 2026. La opción de emitir localmente, con un riesgo país que no baja lo suficiente e incluso rebotó en los últimos días, es la opción predilecta de Luis Caputo.
La colocación del nuevo Bonar no fue casual. Según remarca la consultora 1816, la licitación se dio luego de que los depósitos privados en dólares en el sistema financiero superaran, por primera vez desde el fin de la Convertibilidad, la barrera de US$ 40.000 millones, impulsados en parte por el cobro de los títulos del canje de 2020 (Bonares y Globales que el 9 de julio Luis Caputo pagó).
La apuesta por los bonos argentinos
Ese excedente de liquidez en moneda dura parece haber sido la señal que esperaba el equipo económico para salir a testear el apetito del mercado local por deuda en dólares. Y el resultado confirmó la apuesta: el Tesoro recibió ofertas por US$ 1.046 millones en la primera rueda, pero decidió adjudicar apenas US$ 470 millones, en una clara estrategia de no convalidar cualquier tasa con tal de captar fondos.
En la reapertura realizada en la rueda siguiente, la adjudicación acumulada trepó a US$ 611 millones, equivalentes al 31% del objetivo total que se fijó el Gobierno: captar hasta US$ 2.000 millones a través de este instrumento en las próximas semanas.
Uno de los datos más celebrados por el mercado fue que el AO29 logró colocarse con una tasa promedio de 8,29%, prácticamente en línea con el resto de los bonos soberanos de duración similar. Es decir, el mercado no le exigió al Tesoro pagar un premio adicional por tratarse de una emisión nueva, algo que los analistas interpretan como una señal favorable para la estrategia oficial de financiarse a tasas razonables.
Evitar Wall Street
De hecho, el Gobierno fue selectivo a la hora de adjudicar: rechazó la mitad de las posturas recibidas para lograr que el bono cortara a una tasa de 7,99% TNA contra MEP (bajo la convención que utiliza el Ministerio de Economía). Sobre este punto, la consultora 1816 fue categórica al señalar el mensaje que buscó enviar el equipo económico: "No quieren emitir en los niveles actuales de los Globales", en referencia a que el Bonar 2035 rinde 8,6% contra cable, una tasa que el Gobierno consideró demasiado alta para convalidar.
Más allá del debut del AO29, la licitación en pesos también dejó señales de la estrategia de Finanzas. Los vencimientos del mes no representaban un gran desafío, ya que expiraban instrumentos por $2,97 billones. Sin embargo, la Secretaría de Finanzas recibió ofertas por $8,45 billones y terminó adjudicando $5,43 billones, obteniendo financiamiento neto positivo.
Del total colocado, el 44% correspondió a la única Lecap ofrecida, con vencimiento a fines de noviembre y una tasa efectiva anual de 25,6%. Un 20% adicional se concentró en un bono ajustado por CER con vencimiento en marzo de 2028, mientras que el resto se repartió entre instrumentos TAMAR y Lelink con vencimientos en 2027 y 2028.
Con esta distribución, el Tesoro volvió a extender el perfil de vencimientos en moneda local, incrementando la vida promedio de la deuda en aproximadamente un año, una tendencia que viene sosteniendo en las últimas licitaciones.
El riesgo país de Argentina experimentó un aumento este lunes hasta llegar a los 863 puntos básicos.
Riesgo país no cede
La buena licitación se dio, sin embargo, en un contexto en el que el riesgo país continúa lateralizando en torno a los 420 puntos básicos, sin lograr aún quebrar el umbral psicológico de los 400 puntos, pese a la mejora que viene mostrando en los últimos meses.
Para el Gobierno, la lectura es doble: por un lado, la abundancia de dólares en el sistema financiero local le abre una ventana para seguir testeando la demanda por instrumentos en moneda dura, como el AO29, sin necesidad de salir a buscar financiamiento en los mercados internacionales. Por otro, la persistencia del riesgo país por encima de los 400 puntos sigue marcando que el regreso a los mercados voluntarios de deuda externa todavía no está garantizado.
En ese sentido, el éxito del Bonar 2029 funciona como una prueba piloto: si la demanda sostiene el ritmo de las próximas licitaciones, el Tesoro podría cubrir buena parte de sus necesidades de dólares apoyándose en el ahorro privado que hoy descansa en los bancos locales, sin depender exclusivamente de la evolución del riesgo país.