Al tomar decisiones financieras o evaluar inversiones, es común interpretar cómo un cambio en el entorno afecta a una empresa o un mercado. Para hacer esto, se suele analizar el efecto de una sola variable sin considerar otros factores. Es una forma de simplificar la realidad para estudiar con más claridad cómo influye un elemento específico en el resultado.
Por ejemplo, si el precio de la electricidad sube, podríamos suponer que las fábricas gastarán más en energía y que esto reducirá sus ganancias. Si nada más cambia, el impacto es claro: mayores costos significan menores márgenes de beneficio. Sin embargo, en el mundo real, no todo se mantiene estático. Si las empresas afectadas trasladan ese aumento al precio de sus productos o encuentran formas de ser más eficientes, el impacto negativo será menor o incluso neutralizado.
Este tipo de análisis se utiliza frecuentemente en el mundo de las inversiones. Imaginemos que el gobierno decide bajar los impuestos a las empresas. A primera vista, esto debería aumentar sus beneficios, ya que pagarán menos al Estado. Pero la realidad es más compleja. Si esa reducción de impuestos genera más crecimiento y empleo, la demanda por bienes y servicios aumentará, beneficiando a algunas empresas más que a otras. En cambio, si la reducción de impuestos genera un déficit fiscal y el gobierno reacciona emitiendo dinero, podríamos ver un efecto inflacionario que perjudique el poder adquisitivo de los consumidores.
Algo similar ocurre con el tipo de cambio. Si el valor del euro aumenta frente al dólar, suponemos que las empresas europeas exportadoras se verán afectadas porque sus productos serán más caros en el extranjero. Sin embargo, este efecto no ocurre en un vacío. Si al mismo tiempo la economía de Estados Unidos crece y demanda productos europeos, es posible que el impacto negativo sea menor de lo esperado.
También podemos verlo en el sector inmobiliario. Si las tasas de interés aumentan, pedir préstamos para comprar viviendas se vuelve más costoso. Bajo un análisis simple, esto debería reducir la demanda y hacer bajar los precios de las propiedades. Sin embargo, si la población sigue creciendo y hay escasez de viviendas, el efecto podría ser limitado, ya que la necesidad de vivienda seguirá existiendo.
El problema de este tipo de razonamiento es que la economía nunca funciona con una sola variable aislada. En cualquier análisis, siempre hay factores adicionales que pueden alterar el resultado final. Un inversor debe considerar no solo los efectos inmediatos de un cambio en el mercado, sino también cómo otros elementos pueden compensar o amplificar ese impacto.
Al evaluar inversiones, lo más importante es ver el panorama completo. Una noticia negativa para una empresa no significa necesariamente que perderá valor a largo plazo. Las compañías exitosas suelen encontrar formas de adaptarse y seguir creciendo, incluso en condiciones adversas. Por eso, entender cómo funcionan estas dinámicas es clave para tomar mejores decisiones financieras.
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