Estados Unidos busca recuperar terreno en nuclear frente a China y Rusia: el impacto en Argentina
Del acuerdo con China que se cayó por presión de Washington a los nuevos convenios de minerales: cómo la geopolítica nuclear remodela las alianzas argentinas.
El regreso de la energía nuclear no solo marca un cambio en la matriz energética global, sino también el inicio de una nueva fase competitiva entre las principales potencias. Mientras China y Rusia avanzan en la construcción y exportación de reactores, Estados Unidos busca recuperar capacidades perdidas y reordenar su estrategia para no quedar rezagado. La disputa ya no es solo tecnológica: involucra el control de la cadena de suministro, los minerales críticos y las alianzas internacionales. En ese contexto, Argentina aparece atravesada por estas tensiones, con un modelo propio que condiciona sus opciones de inserción en el nuevo escenario.
El renacimiento de la energía nuclear está siendo impulsado principalmente por China y Rusia. En el caso chino, el motor central es la construcción masiva de centrales dentro de su propio territorio y, en segundo lugar, la exportación de su tecnología. “Están construyendo más de cuarenta centrales que tienen que ver con su plan de diversificación de la matriz y de descarbonización”, señala Diego Roger.
Por su parte, Rusia ha avanzado en la exportación de reactores hacia distintos países, especialmente en Medio Oriente, y en mercados emergentes como Turquía, que está desarrollando sus primeras centrales nucleares.
Estados Unidos, en tanto, ha retomado su desarrollo nuclear “después de que pierda muchas capacidades, porque dejaron de construir centrales hace bastante tiempo, se han construido muy pocas desde las décadas de los ochenta, y las que están operando ya tienen unos cuantos años”, afirma Diego Roger Directo de IATE (Instituto Argentino para la Transición Energética). Según la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos (EIA), a marzo de 2023 había un total de 93 reactores nucleares en funcionamiento en 56 centrales ubicadas en 28 estados. Algunos de estos reactores están en proceso de cierre o desmantelamiento, mientras que otros proyectos aún no se han construido. La energía nuclear representa aproximadamente el 20% de la generación eléctrica del país y continúa siendo una de las principales fuentes junto con el gas natural, el carbón y las energías renovables.
En paralelo, el interés del sector privado también es fuerte. Microsoft Corp. alcanzó un acuerdo en 2024 para obtener electricidad de una planta nuclear reactivada de Three Mile Island en Pensilvania, mientras que Google, Amazon y el financiero Ken Griffin se encuentran entre los actores que han expresado recientemente un nuevo interés en el desarrollo de la energía nuclear.
Europa también muestra señales de retorno. “La Unión Europea también está volviendo, aunque con menos velocidad, a la generación nuclear”, sostiene Diego Roger. En este sentido, la energía nuclear fue incluida dentro de las directrices de financiamiento como una fuente verde. Incluso Alemania, que había sido uno de los principales opositores y había cerrado sus centrales, comienza a revisar esa política ante limitaciones estructurales: baja disponibilidad de hidrocarburos propios, alta dependencia de importaciones, restricciones territoriales para expandir renovables y la complejidad de almacenamiento y redes.
Este renacimiento está acompañado además por avances tecnológicos. Se desarrollan reactores de cuarta generación y centrales modulares que permiten mayor seguridad, escalabilidad y adaptación a distintas necesidades. En ese marco, China impulsa innovaciones como portacontenedores propulsados por energía nuclear que no requerirían recarga durante su vida útil y reactores de torio, considerados intrínsecamente seguros. “Hoy día los barcos que existen con reactores nucleares son tecnologías basadas en uranio altamente enriquecido que son de manejo casi militar, están mayormente en portaaviones o en algunos rompehielos, pero es algo agotado, y China está proponiendo nuevas vías tecnológicas que permitirían difundir de manera más amplia la propulsión nuclear en la industria naval”, explica Roger.
Los buques nucleares ya existen, especialmente en rompehielos, pero el objetivo actual es escalar esta tecnología hacia el transporte marítimo comercial, particularmente en portacontenedores. El transporte por mar representa hoy alrededor del 3% de las emisiones globales de CO y consume cerca de 350 millones de toneladas anuales de combustibles fósiles. En este contexto, el astillero estatal chino Jiangnan planea construir el primer buque portacontenedores propulsado por energía nuclear hacia 2035, basado en tecnología de torio.
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Reimpulso de la política nuclear de Estados Unidos
El reimpulso de la política nuclear en Estados Unidos comenzó durante el primer gobierno de Donald Trump, cuando el país empezó a constatar un atraso en materia nuclear, tanto en capacidades tecnológicas como en el manejo del ciclo de combustible. En particular, se evidenció una pérdida de capacidades en el enriquecimiento de uranio y una creciente dependencia de importaciones provenientes de Rusia y de países dentro de su esfera de influencia para el suministro de minerales estratégicos.
“Respecto de lo tecnológico, Estados Unidos perdió capacidades para desarrollar reactores de potencia, no tiene ya fabricantes, hace mucho que no fabrican reactores de potencia y, bueno, han apostado básicamente a los reactores modulares como una estrategia, una manera de poder recuperar capacidades en el sector nuclear. Hoy día los reactores que puede llegar a fabricar Estados Unidos los fabrican con asociación con actores de Corea del Sur o japoneses y han quedado muy atrasados en lo que tiene que ver, digamos, con el manejo de reactores de nuevas generaciones en comparación con China y con Rusia y no están teniendo una política de exportación de reactores ni nada que se pueda parecer”, explica Diego Roger.
En este contexto, el foco de la estrategia estadounidense apunta a recuperar el control sobre la cadena de suministro nuclear. “Entonces, tal como se están configurando las cosas, las acciones de Estados Unidos indican que quieren volver a tener manejo de la cadena de suministro, por eso tienen interés en todo lo que tenga que ver con la producción de mineral de uranio para suministro de combustible, el manejo de lo que tiene que ver con enriquecimiento y el manejo de las tecnologías que tengan que ver con reactores modulares y demás”, sostiene Roger.
Modelos tecnológicos
En el desarrollo nuclear conviven hoy dos grandes modelos tecnológicos. Por un lado, el esquema dominante a nivel global se basa en reactores que utilizan uranio enriquecido, como los de agua presurizada (PWR), ampliamente adoptados por las principales potencias y sobre los que se organiza buena parte de la industria internacional. Por otro lado, existe una línea menos extendida pero con trayectoria propia, basada en reactores que operan con uranio natural y agua pesada, tecnología que dominan países como Canadá e India y sobre la cual Argentina construyó su programa nuclear. La diferencia no es solo técnica: implica capacidades industriales distintas, cadenas de suministro específicas y decisiones estratégicas de largo plazo, ya que pasar de un modelo a otro requiere desarrollar conocimientos, materiales y procesos que no son directamente transferibles entre sí.
Argentina
Argentina no adoptó su modelo nuclear por casualidad, sino como resultado de una estrategia de desarrollo tecnológico propia. A partir de acuerdos de cooperación con países, como señala Diego Roger: “Argentina tuvo cooperación con Alemania, con Canadá” el país construyó una base industrial orientada a reactores que utilizan uranio natural y agua pesada, sobre la cual fue acumulando capacidades a lo largo del tiempo. Esa elección respondió a un objetivo más amplio: “tratar de meter el mayor desarrollo local posible y la mayor integración que se pueda” y “dominar las tecnologías básicas que permiten garantizar el funcionamiento de los reactores”, explican especialistas del sector.
Ese recorrido no solo define el perfil tecnológico del país, sino también su posición en la región. Según el secretario ejecutivo de OLADE, Argentina lidera el desarrollo nuclear en América Latina, con tres centrales de potencia en operación (Atucha I, Atucha II y Embalse) y siendo el único país que avanza en el desarrollo de reactores modulares pequeños, a través del proyecto CAREM. A esto se suma el último plan nuclear, que contempla un nuevo diseño de SMR, el ACR-300 de INVAP, reforzando una estrategia que combina capacidades propias con innovación tecnológica.
Con los años, esa trayectoria derivó en que hoy exista, en palabras de Diego Roger, “una gran cantidad de capital hundido basado en esta ruta tecnológica”, lo que no solo explica el perfil actual del programa nuclear argentino, sino que también condiciona cualquier intento de migrar hacia otros modelos.
“Existe un problema crónico en la ejecución de proyectos debido a la falta de consistencia en la política nuclear de los últimos gobiernos: abandono tras varias idas y vueltas de Atucha III y IV, del proyecto CAREM y la parálisis de la nueva planta de uranio de Dioxitek”, señala Adrien Sergent.
En ese contexto, la propia base tecnológica también condiciona las opciones de inserción internacional: “Es una tecnología que manejan en mayor medida Canadá e India, con lo cual si se quisiera cooperar para construir reactores de potencia de ese tipo, esos serían los aliados naturales, no Estados Unidos”, explica Diego Roger.
“Un paso a tecnologías de uranio enriquecido implica un cambio en el manejo de un conjunto de capacidades que Argentina no tiene”, advierten especialistas. En ese sentido, agrega que “Desarrollar una trayectoria en uranio enriquecido requeriría, siendo generoso, por lo menos una década”, lo que introduce un límite temporal concreto a cualquier intento de reorientación tecnológica.
Estados Unidos y su relación con Argentina
Para entender la relación actual entre Estados Unidos y Argentina en materia energética y nuclear, aparecen dos ejes centrales: los minerales críticos y la cooperación nuclear civil. En el primer caso, ambos países avanzaron recientemente en acuerdos vinculados a la cadena de suministro. Durante la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos convocada por el Secretario de Estado, Marco Rubio, Argentina y Estados Unidos suscribieron el 4 de febrero en Washington un Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos. A través de este acuerdo, ambos países ratificaron su asociación estratégica y su compromiso con el desarrollo de un suministro seguro, resiliente y competitivo, con el objetivo de consolidar cadenas de valor más sólidas y diversificadas.
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En paralelo, la relación también se articula en el plano nuclear. En la Declaración Conjunta de la 19ª Reunión del Comité Permanente Conjunto de Cooperación en Energía Nuclear entre ambos países, se reafirmó el valor de la cooperación nuclear civil para fortalecer los vínculos estratégicos, económicos y políticos, así como el compromiso con las salvaguardias internacionales, la no proliferación y los más altos estándares de seguridad tecnológica y física. Ambas partes destacaron además su interés en el desarrollo de reactores modulares pequeños y otras tecnologías avanzadas, reconociendo su potencial para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo nacional, en el marco del programa FIRST.
Sin embargo, esta cooperación convive con una historia más compleja. Estados Unidos se ha opuesto en distintos momentos al desarrollo nuclear argentino y ha limitado la transferencia tecnológica. “Si nos atenemos a historia, Estados Unidos no se ha caracterizado por realizar transferencia tecnológica, y menos en temas nucleares. En general, se ha manejado como las grandes potencias que quieren venderte el proyecto llave en mano, con servicios asociados”, señala Diego Roger. En esa línea, advierte que cualquier proceso de transferencia requiere proyectos concretos de asociación, algo que hoy no aparece en el horizonte.
Al mismo tiempo, la dimensión geopolítica condiciona los márgenes de acción. “Últimamente Argentina había firmado un convenio con China para construir dos centrales nucleares de distintas tecnologías, y por presión de Estados Unidos se volvió para atrás con esos contratos”, explican especialistas. En ese contexto, el país se inserta dentro del hemisferio de influencia estadounidense, lo que también se refleja en el interés de Washington por asegurar su posición en sectores estratégicos. “Argentina está dentro del hemisferio occidental y podemos ver que Estados Unidos está tratando de asegurar su influencia en proyectos mineros relacionados con la cadena de valor del sector nuclear, entre ellos el suministro de mineral de uranio”, concluye.
En la práctica, los avances en cooperación nuclear son aún incipientes. Si bien se han mencionado posibles colaboraciones en torno a reactores modulares y aspectos del ciclo de combustible, “en concreto, al día de la fecha, no hay nada más que titulares” remarcan desde el sector. A esto se suma una restricción estructural vinculada al propio modelo tecnológico. “Es una tecnología que manejan en mayor medida Canadá e India, con lo cual si se quisiera cooperar para construir reactores de potencia de ese tipo, esos serían los aliados naturales, no Estados Unidos”, explica Roger.