1 de junio 2024
2 de enero 2023 - 19:20hs
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"No comprendo cómo son tan cobardes y cómo atacaron a mi hijo. Esperemos que la justicia actúe y le den lo que realmente se merecen, cadena perpetua y que cumplan cómo se debe. Mi hijo está enterrado en un ataúd y es como si fuera una cadena perpetua. ¡Basta de privilegios!", declaró a la prensa la madre de la víctima, Graciela Sosa, al salir del tribunal.

El crimen de Fernando Báez Sosa, de 18 años, ocurrió el 18 de enero de 2020, en plena temporada veraniega, a la salida de una discoteca en el balneario de Villa Gesell, 370 km al sur, un destino muy concurrido por jóvenes en la costa atlántica argentina.

Esa madrugada fue atacado por un grupo de ocho jóvenes, que en aquel momento tenían entre 18 y 21 años y jugaban en el Naútico Arsenal Zárate, un club provincial a 90 km al norte de Buenos Aires.

Báez Sosa, quien era hijo único, murió de un traumatismo de cráneo causado por los golpes recibidos cuando estaba tendido en la vereda.

Mientras los atacantes lo pateaban en el suelo le gritaban insultos racistas, según testigos, registros de cámaras de seguridad y chats posteriores entre los acusados, que pasaban sus vacaciones en Villa Gesell.

Los acusados --Máximo Thomsen (23 años), Enzo Comelli (22), Matías Benicelli (23), Blas Cinalli (21), Ayrton Viollaz (23), los hermanos Luciano (21) y Ciro (22) Pertossi, y su primo Lucas (23)-- fueron arrestados el mismo día. 

Cumplen prisión preventiva en una cárcel de la periferia sur de Buenos Aires, desde donde fueron trasladados a Dolores, 200 km al sur, para asistir al arranque del juicio que se extenderá por 22 jornadas y en el que se escucharán a más de 150 testigos.

Están acusados de "homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas", así como de causar "lesiones leves" a amigos de Báez que intentaron ayudar a la víctima.

"Lo atacaron por la espalda, lo tiraron por el piso. Le reventaron la cabeza, ese cuerpito que yo lo tuve nueve meses en mi panza", se lamentó la madre, que concurrió al juicio junto a su esposo, Silvino Báez.

El crimen conmocionó a los argentinos, hubo actos y marchas en reclamo de justicia y las autoridades del rugby impulsaron el dictado de cursos de comportamiento a casi 4.000 jugadores. 

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