En su última actividad antes de regresar a la Argentina, el presidente Javier Milei resaltó la “afinidad de valores” con Hungría, una “coincidencia en la manera de entender el mundo” y “el rol que deben cumplir las instituciones en una sociedad”. Lo hizo en la Universidad Ludovika de Servicio Público de Budapest, donde recibió el Doctorado Honoris Causa.
“Me llevo a Argentina los mejores recuerdos por esta visita. Este reconocimiento tiene una dimensión profunda, porque expresa una afinidad de valores, una coincidencia en la manera de entender el mundo y el rol que deben cumplir las instituciones en una sociedad”, sintetizó Milei.
El mandatario expresó que la distinción recibida “es un símbolo de ese amor por la libertad que nos une”, que “representa la experiencia compartida de nuestros pueblos”.
“Ya sabemos lo que es estar del otro lado, y por eso valoramos nuestra libertad como aquel que sabe lo que es haberla perdido. Y sabemos mejor que nadie, como ya se ha dicho, que el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, agregó.
“Vivimos en una época en la que muchas de las certezas que parecían inamovibles han comenzado a resquebrajarse. Y la Argentina es un ejemplo paradigmático de esto”, señaló Milei. Y recordó que al asumir la Argentina “se encontraba a las puertas de lo que podría haber sido la peor crisis de toda su historia”, con una pobreza que “superaba el 50 por ciento” y la pobreza infantil trepando “hasta el 70%”.
“No pretendo darles una lección de lo que es padecer los efectos del socialismo, cuando ustedes mismos han vivido detrás de la Cortina de Hierro”, refirió el jefe de Estado. En este sentido, se inclinó “ante el pueblo húngaro por su tenacidad y su resiliencia” porque “su historia es testimonio de la fortaleza del ser humano, aún en los momentos más oscuros. Hungría conoce de primera mano las consecuencias del colectivismo y la negación de la libertad”.
Milei remarcó que “en la actualidad “se sostiene con claridad que cada nación tiene el derecho de decidir cómo organizarse, cómo gestionar sus fronteras y preservar los rasgos que le definen como comunidad”.
“En efecto. la inmigración descontrolada sin integración desarticula el orden social. Cuando no existen reglas claras, cuando no hay un marco de integración y cuando se desconoce la cultura de la comunidad que recibe se termina generando desgracias evitables”, puntualizó.
“Por todo esto, estoy convencido de que hay una experiencia compartida que nos hermana como naciones. Ambos sabemos qué se siente que nos roben el futuro. Vidas enteras, generaciones desperdiciadas bajo el yugo de un aparato opresor dedicado a enjaular al espíritu humano, cuya libertad siempre ha sido la peor amenaza para las tiranías”, completó.