El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, es de derecha, liberal en economía y conservador en sus costumbres. Pero a diferencia de Javier Milei, está muy lejos de ser un outsider. Con 20 años en el Congreso y una militancia que inició desde muy joven en la UDI y que continuó en su propio partido, el Republicano.
En los términos libertarios locales puede ser considerado como parte de "la casta". De hecho, se formó toda la vida para llegar a la presidencia de su país. Este fue su tercer intento. Y el esfuerzo parece que le templó el carácter, porque de posiciones extremas se fue moderando lo suficiente como para agradecer no solo a su contrincante en las elecciones, la comunista Jeannette Jara, sino a todos los presidentes que lo precedieron: Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric, a quienes nombró de a uno. Tanto, que Johannes Kaiser, que militaba en su partido decidió renunciar y competir con su propio sello.
Seguramente, Kaiser consideraba a Kast "un tibio" porque decidió no dar la "batalla cultural", esa disputa por el sentido común que implementó cuatro años atrás y lo llevó a la derrota. Nada más alejado a la personalidad de su par argentino que, como se sabe, apoyó al hermano del vicepresidente de la ultraderechista Fundación Faro, quien apenas obtuvo 13.9%. El argentino Fernando Cerimedo, experto en estrategias digitales muy vinculado al mundo libertario, estuvo a cargo de la campaña cuando Kast perdió y no estuvo ahora, cuando ganó.
Las encuestas lo daban a Kast seguro ganador, por eso ya tenía su plan para los sucesivos tres meses hasta ingresar formalmente a la Casa de la Moneda, el 11 de marzo. Entre sus planes, priorizar la Argentina como primer destino exterior no fue una casualidad. Los viajes presidenciales, se sabe, son el mensaje. Y lejos de sobreactuar un vínculo con Estados Unidos que Chile tiene desde hace décadas (tienen un Tratado de Libre Comercio desde el 2003), la prioridad de Kast está centrada en la región, donde se comparten preocupaciones.
Las fronteras, un tema central para José Antonio Kast
El chileno considera que su país perdió el control de sus fronteras, que el Estado no sabe qué pasa -sobre todo- en la frontera norte, lo que según su visión viene provocando el aumento del crimen organizado, el tráfico de armas y drogas, extorsiones, sicariato. No va a decirlo ahora, pero el presidente electo de Chile considera que su país estuvo al borde de la disolución con las protestas violentas que se generaron en las calles, un trauma que aún no superó del todo. Kast responsabiliza a la inmigración ilegal y la falta de controles por esa situación que no quiere que se repita en su mandato.
Para Kast, se trata de un asunto urgente y así se lo hizo saber al propio Milei cuando lo llamó para felicitarlo por haber entrado en el balotaje, lo que aseguraba su victoria frente a la candidata de Boric, un presidente mal evaluado por la población. Por eso no sorprendió en Rosada que a las 48 horas de su victoria, Kast ya estaba en Buenos Aires, aunque con una agenda públicamente enfocada en lo económico, ya que no solo viajó con su asesor en economía, Jorge Quiroz, sino también con la titular de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Susana Jiménez, y la presidenta de la Sociedad de Fomento Fabriel (Sofofa), Rosario Navarro. Tiene la aspiración, claro, de llevar al viceministro de Economía, José Luis Daza, de regreso a su país, ya como titular de Hacienda.
Con discreción, no oculta su interés por la situación de las fronteras. "Nosotros queremos ir cerrando a futuro, paso a paso, la frontera norte, lo que tendrá alguna repercusión en Argentina, que queremos prever y coordinar. Cuando empecemos a cerrar los pasos irregulares en Chile puede ser que intenten ingresar a la Argentina. Eso hay que conversarlo para que no afecte su frontera también", dijo Kast en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez antes de viajar a Buenos Aires.
En Buenos Aires, esperan que vaya designando a su equipo en seguridad, inteligencia y control de fronteras. Y trabajarán en base a las propuestas que traigan del otro lado de la Cordillera. Mientras tanto, trascendió, en Cancillería ya se está trabajando en el formato de un tratado en seguridad e inmigración, una problemática que se está volviendo centro de la agenda de los gobiernos de la región, a tono con lo sucede en otras democracias, cada una con sus particularidades.
La red delictiva Tren de Aragua es la preocupación mayor en Chile, donde opera desde fines de la década del 2010 hasta llegar a niveles altos de visibilidad con control territorial de zonas específicas del norte, que dominan a través de secuestros, trata de personas, explotación sexual y peligrosas extorsiones. Expertos chilenos consideran que la integridad del estado está en riesgo y que en su disputa, los sicarios pretenden hacerse de un país, una nación soberana.